Pollo encebollado al vino tinto
Estoy hasta el moño del estéril debate -o guerra- contra el burka y el niqab en Europa. O en España. O donde sea. Porque la cosa es adoctrinar a las mujeres y obligarnos por ley a hacer o deshacer, a hablar o callar. La mujer musulmana siempre esclava de los suyos y de los ajenos. Y entre uvas y brevas, el caso es que no se pule el marco de la libertad, donde puedan llevar o dejar de llevar sin presión familiar, social o legal. Porque en sus países de origen -o de sus padres- si no lo llevan son criminales y cualquier malnacido las puede rociar la cara con ácido o rajarles el rostro, los ojos y hasta el alma. Aquí en Europa, las queremos criminalizar si lo usan. De momento sin ácido. A ver que nos depara el futuro.
El asunto es, que a día de hoy, seguimos sin construir un espacio socio-femenino en el que podamos enseñar u ocultar lo que nos plazca sin que padres, hermanos, maridos, vecinos y demás jungla humana nos etiquete, juzgue, insulte o criminalice. Y esto es lo que a mí me escuece.
Una de las cosas que más agradezco de estar lejos de X y de Facebook es el vivir limpia de tanto ruido y malos modos. Pero, en cualquier caso, no quiero vivir aislada de lo que pasa a nuestro alrededor porque es responsabilidad de todos construir una sociedad más justa para los que vienen detrás. No se trata de imponer lo que yo pienso, o lo que los "míos" dicen y convertir en mías sus ideas; algunas buenas y otras atroces.
No se trata de bandos, se trata de reflexión, de escuchar a quien argumenta y aislar a los energúmenos que bajo ningún concepto -ni de izquierdas ni de derechas, ni musulmanes ni ateos- nos tienen que representar. Por amor propio y ajeno; por ética social y valores propios. Porque esta gentuza nos está llevando a su terreno y gente maravillosa a nivel individual se convierte en alimaña en cuanto la política o la religión hace acto de presencia.
Qué lejos estamos de buscar fórmulas para proteger a las mujeres -y niñas- que no quieren llevar ni burka ni niqab y que las mandan de vuelta a los países de sus padres, para que la abuela de turno las case con 16 y así evitar la tentación de los pintalabios y el colorete. Qué lejos estamos de proteger a estas chicas, que al cumplir los 18, dejan una nota de "no me busquéis" en redes y desaparecen para siempre, bajo falsas identidades y protegidas por ONGs que las mantienen a salvo cuando ni servicios sociales ni ningún estamento oficial las ha resguardado de sus derechos fundamentales.
Qué lejos estamos de hacer entender que si desean llevar burka o niqab, están en su derecho pero que si en un momento un agente autorizado les pide que se identifiquen y muestren su rostro lo tienen que hacer. Decirles que tienen derecho a entrar en un café sin que las pongan de patitas en la calle y que deberían poder denunciar cualquier acto de odio al que se vean sometidas. Tienen derecho a defender su dignidad.
Decirles también que aquí, en Europa la sanidad pública está llena de excelentes doctores varones y que no siempre se puede elegir el sexo de tu médico. Y suma y sigue. Porque no hay ni un solo derecho que no se deje acompañar de una obligación y si queremos una cosa, hay que respetar la otra. Hay que trabajar para vencer pudores y dejar atrás mentalidades retrógradas porque sí, es cierto: como mujer se me rompe el corazón cada vez que veo a una mujer con todo su cuerpo tapado porque de cada vez, he visto injusticia y violencia agresivo pasiva, he visto desigualdades y atropellos.
También te digo que me gusta ver a chicas jóvenes trabajando con su hiyab, de momento solo lo veo en supermercados y poco más pero sueño con ese día que pueda ver a abogadas ejerciendo o doctoras o arquitectas... ojalá llegue ese día donde las veamos empoderarse social y económicamente con o sin hiyab.
Qué importante es poner contexto y trabajar en la búsqueda de soluciones derribando barreras en vez de seguir erre que erre con la mala chufa por delante.
Ingredientes para 2 personas:
Ingredientes para 2 personas:
- 4 muslitos de pollo
- mezcla de especias a tu gusto (cajún, ranchera, etc.)
- maicena para rebozar
- aceite de oliva
- 2 dientes de ajo
- 1 cebolla grande
- sal
- salsa worcester
- 1 vasito de vino tinto
Preparación:
- Aderezar los muslitos con las especias que más te gusten y los rebozas en maicena antes de freírlos en una sartén honda a fuego medio alto. Añade un par de ajos enteros a la sartén para que den aroma. Cuando comiencen a coger color uniforme, baja un poco el fuego para que le de tiempo a hacerse bien por dentro.
- Retira los muslitos cuándo estén bien doraditos por todos lados. Reserva.
- En el mismo aceite, ya sin los ajos, dora la cebolla cortada en tiras finas hasta que esté bien frita. Sala y reserva.
- Retira el aceite de la sartén, echa los muslitos y los salteas brevemente con la salsa worcester. Añade la cebolla y el vino. A fuego vivo, deja que consuma el vino casi por completo. Sirve acompañado de tu guarnición favorita. Yo lo he acompañado de un arroz blanco con unas verduritas salteadas.
















































