Sándwich pringado en parmesano relleno de cheddar y jalapeños

marzo 01, 2026

Estamos todos tontos, hasta aquí no descubro nada pero tan tan tontos que no tenemos remedio y es porque no queremos. Así de fácil. La tontería no sé si será innata pero lo que sí -y rotundamente sí- es que nos regalan doble razón desde que nacemos y si se agota, pues hala, más, que por falta de tontería no quede, venga, sin miserias. 

Y es que por muy listillos que seamos tenemos de serie una incapacidad brutal para pensar y actuar con racionalidad de forma espontanea e incluso, reflexionando a lo bestia, es muy habitual no ser capaz de llegar a ninguna conclusión sensata. Por tanto, es sencillo deducir por qué somos tan fáciles de captar por relatos simplones ya construidos -con el fin de manipularnos casi siempre de mala manera- y aunque suelen forjarse completamente ajenos a la realidad, como que en nuestra cabeza suenan fenomenal.

Esto, como ya habrás supuesto, lo ha estudiado largo y tendido la psicología. Recientemente, un docto-profesor llamado Keith Stanovich acreditado por no sé cual universidad, se inventó el término disracionalidad para explicar en plan ligerito el asunto. Lo compara con la dislexia -presente- y con la incapacidad que algunas -muchas- personas tenemos de, no solo confundir letras y números sino que tenemos una capacidad casi sobrenatural para leer lo que no está escrito y hacer cálculos no erróneos sino inventados porque en nuestra cabeza tienen sentido; todo el sentido del mundo mundial.

Y justo aquí reside el problema: no somos conscientes de estar interpretando un texto en plan mundo alternativo sino que somos víctimas de ciertos sesgos cognitivos -queda bonito, ¿verdad?- y puede que entre ellos exista un abuso de confianza porque cómo no vas a creer a tus propios ojos o a tu raciocinio. 

Ejemplo, y creo que ya lo he contado antes: me catearon un examen de filosofía que bordé y rebordé sobre Aristóteles y aunque me habían subrayado en rojo todas las veces que lo nombré yo ni verlo, así te lo digo, y toda indignada me presenté a reclamar el suspenso porque en mis cuatro folios yo solo había contado la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Salvo que ni una sola vez escribí Aristóteles sino Aristóles. Y no lo vi hasta que fue demasiado tarde así que me tragué sin patatas el suspenso y de postre me comí mi orgullo sin edulcorantes.

Pues así funciona el binomio inteligencia y racionalidad. Actuamos casi todos en plan disléxico y no somos conscientes porque no hay quien subraye los Aristóles que vamos sembrando en nuestras ideologías o creencias o formas de reaccionar ante lo que pasa alrededor y actuamos como lo que somos: gente racional e inteligente que tiene su culturilla a cuestas pero con unos rotos en los dativos y acusativos emocionales que ni siquiera sabemos que tenemos.

Madre mía, cómo me enrollo y te prometo que yo venía a compartir contigo algo que ahora no sé si se nos va a hacer demasiado largo: venga ¿te atreves?

Allá voy: seguro que estos días estás hasta el gorro de oír hablar de los therians, una moda donde la gente dice que se identifica con animales y hacen cosas de animalitos. Esto es algo que las redes han dimensionado y donde todo quisqui está dando bombo y platillo a esta estupidez y claro, incentivando a que cualquier alma en pena con ganas de que le hagan caso se ponga una carreta y una cola y salga de paseo a cuatro patas. 

No es consecuencia de la educación que reciben nuestros jóvenes, ni de que si los padres, o la falta de trabajo o el no tener acceso a una vivienda. Es pura idiotez consecuencia de haber convertido nuestras vidas en contenidos de redes sociales donde todos sabemos que hay que publicar cosas rápido porque sino el logaritmo te entierra en la miseria de no captar más likes. Así que hacemos leña donde no hubo árbol. Con un par.

Y en este dialogar de besugos participan medios, sociólogos, políticos, pensadores, influencers y hasta la madre que los parió. Todo es un número circense en busca de notoriedad personal a costa de reinventarse. Nos vendemos muy barato, solo necesitamos un poquito de narcisismo y poco más. ¿Falta de inteligencia? ¿de racionalidad? bueno, el narcisismo es el mejor disruptor emocional. Nada que hacer.

Ingredientes para 4 sándwiches:
  • Jalapeños escabechados a tu gusto
  • pimiento verde (versión picosa jalapeños frescos)
  • 50-75gr. de queso cheddar a tu gusto
  • 1 cdta. de mostaza
  • 1 cda. de mayo casera
  • 100gr. de queso de untar
  • 75gr. de yogur griego
  • un poquito de ajo en polvo
  • pan de sándwich
  • parmesano rallado
  • un poquito de mantequilla para untar el pan

Preparación:
  1. Tritura todos los ingredientes del relleno juntos.
  2. Corta lonchas un poquito más anchas de lo normal y rellena.
  3. Unta un poco de mantequilla en cada cara del sándwich. Pon queso parmesano en una de las caras y la vas tostando en una sartén a fuego medio. Mientras, pon el parmesano rallado en la cara de arriba. Dale la vuelta y tuesta ambos lados.

Pudin de pan y choco con naranja y vainilla

febrero 27, 2026
Mi gato no tiene nuestra conciencia ni capacidad de comerse el coco ante temas existenciales. Bien por él. Va a lo suyo, pide cuando quiere algo desde mimos, salir al jardín o golosinear. El resto del tiempo duerme. No creo que tenga conciencia ni conocimiento de la muerte así que ese temor a él ni le va ni le viene aunque su instinto, le advierte de peligros -reales o no- y hace que tenga reacciones de miedica consumado solo porque sopla fuerte el viento o un extraño entra en casa.

Es un instinto de supervivencia que todos los seres vivos compartimos pero claro, contra más listos somos, más nos enredamos en los miedos a morir. O a vivir, porque ya estamos tan chalados que uno ya no sabe.

Arthur Conan Doyle se obsesionó con el espiritismo cuando perdió a su hijo en la primera gran guerra y dedicó el resto de su vida a este movimiento donde según él, podía darle sentido a la vida y a la muerte, ese tándem siempre unido por lazos invisibles aunque, como decía Antonio Machado, son incompatibles porque cuando uno hace acto de presencia, el otro se va. Nunca coinciden. 
Hay a quien hablar de ella, le da mal fario, mala vibra pero, como dijo Mario Benedetti después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida y visto así, no debería ser un trance tan temible. Puede que nuestro miedo sea al dolor que la precede, a las ausencias, los duelos y todos los traumas que nos acompañan al perder a los más queridos porque al fin y al cabo, la muerte es una vida vivida, tal cual decía J.L. Borges. 

Mira que Stephen Hawking estaba el pobre mal parado y aún así decía no tener miedo a la muerte, aunque tampoco tenía prisa por morir porque según él, había muchas cosas que quería hacer primero. Y es que, por nuestro bien, hay que quitarse de encima toda esa caspa marchita y tenebrosa que nos han inculcado; romper tabús y ceremoniales de luto retorcido porque hay cosas que, por lo menos a mí,  me fastidian tremendamente y es ver a esa gente que cuida con mucha pompa la tumba de un familiar pero que cuando vivía, estaba siempre solito y falto de atención. 

Ay no. Piensa que verbalizar las cosas siempre es de ayuda y seguir conviviendo con estos miedos y desdichas nos vuelven a todos un poquito - o mucho- más amargados de lo aconsejado. La vida hay que vivirla con plenitud y sin miedo a palmarla porque hagas lo que hagas pasará lo que tenga que pasar y mira: que nos quieten lo bailao. 

Y a propó como dicen los germanos: Después de rendir cuentas al Arte de amargarse la vida, he comenzado Las intermitencias de la muerte de Saramago y ya me agobia un poquito la idea de llegar a esa edad que lo suyo es quedarse muñeco en una siesta o lo que sea, y de buenas a primeras como que no, como que de repente "Al día siguiente, nadie murió". 

Y tan ricamente todo porque había que decirlo y lo he dicho. Ah, y porque este pudin de pan y chocolate está mortal. 
Con esta receta, participio en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, el ingrediente a usar es la esencia de vainilla. Yo he usado del tipo bourbon que me encanta. Aunque la vainilla es originaria de México, se considera que la que se produce en la isla Reunión (antes llamada Bourbon) es la mejor. Imagino que es cosa de gustos pero en Europa es la de más calidad a precio asequible que se puede comprar. Espero que te guste este pudin de pan que a nosotros nos ha chiflado. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis.
Ingredientes:
  • 350gr. de pan viejo, panecillos de leche o brioche
  • 750ml. leche
  • 250ml. nata
  • 150ml. de zumo de naranja
  • ralladura de naranja
  • 4 huevos
  • 3 cdas. de cacao puro
  • esencia de bourbon vainilla
  • 70gr. de eritritol 
  • 50gr. de sirope de arce
  • 100gr. de chocolate al 70% en trocitos
  • opcional: unos trocitos extra de choco y de naranja para cubrir
  • Para la salsa: 
    100gr. de chocolate al 70%
    150ml. de agua hirviendo
    esencia de bourbon vainilla
    opcional: se puede añadir un poquito de nata y de sirope de arce si lo deseas suavizar
Notas:
  • Dependiendo del tipo de pan que uses, va a pesar de forma diferente y eso hará también que los líquidos absorban distinto. Intenta ser flexible pero no temas que quede muy líquido porque va a cuajar. Reacciona si lo ves muy seco, eso no lo queremos.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 160ºC.
  2. Bate junto los líquidos, los huevos, los azúcares, la vainilla, la ralladura y el cacao y añádelo a los trocitos de pan.
  3. Añade los trocitos de chocolate, remueve bien y lo repartes en los recipientes que desees usar. Pon por encima trocitos de choco y de naranja y hornea hasta que veas que están cuajados pero tiernos (el tiempo dependerá de los recipientes).
  4. Prepara la salsa, derrite el chocolate en el agua hirviendo. Si queda espeso, añade algo más de agua hirviendo. Si lo deseas suavizar, añade algo de nata y sirope de arce a tu gusto.
  5. Deja que templen y añade la salsa por encima a gusto de cada comensal. Puedes servirlo templado o frío.

Gratinado de hinojo y patatas

febrero 23, 2026
El domingo por la tarde Lucas se marchó a Graz toda la semana a un seminario. Cogió el autobús de la estación en la parada de al lado de casa. A pesar de ser tan adulto, hice lo que me he pasado la vida entera haciendo: me acerco a la ventana y vigilo que todo vaya bien. Lo he hecho cuando iba al cole, al instituto y como ves, sigo con la misma costumbre. 

Günter, en vez de recriminarme el gesto, ha dicho algo como que vaya suerte tenemos de tener vistas a las dos paradas de autobús de nuestra zona. Ambos hacemos lo mismo. Actuamos como si al mirarle todo fuera a ir bien, como si estuviera a salvo gracias a nuestra mirada. A nuestras guardias mientras espera a que llegue el bus y hace como que no nos ve pero claro que sabe que allí estoy, como lo he estado siempre. 
Y cuando se aleja el bus, me vuelvo a mis cosas tan feliz y orgullosa de haber cumplido con mi deber; el de velar y cuidar que nada malo le pase. Como si fuera un hechizo. Si velo por él, nada puede pasar. Es un poco absurdo estás cositas raras que hacemos los padres como arroparles bien por las noches y dejarles cerca su peluche favorito, como si el osito -o el pececito en su caso- fuera a hacer guardia, una imaginaria como la que hacían los reclutas en la mili. Es como si peluche fuera su centinela nocturno y nos pudiera avisar en el caso de que algo fuera mal. ¿Por qué somos tan inocentones los padres?

Todos las madres, pasadas y futuras seguiremos haciendo estas vigilias, de esto estoy segura. Nos ayuda a sobrellevar los miedos, a espantar los fantasmas que acechan ahí fuera y por muy mayorzones que se hagan para nosotras siempre serán nuestros enanos, frágiles y desprotegidos sin nuestra protección. 

Es verdad que nuestros hijos ya no nos necesitan tanto pero nosotras a ellos sí. Siempre.
Ingredientes para 2: (Si es guarnición para 3)
  • 3-4 patatas
  • 2 bulbos de hinojo
  • 1 poco de aceite de oliva
  • 1 cdta. de mantequilla
  • 1 vasito de vino blanco
  • 1 vasito de nata
  • queso para gratinar a tu gusto
  • sal y pimienta

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 170ºC.
  2. Pela y corta las patatas en rodajas. Luego las partes por la mitad y las doras un poquito en la sartén con algo de aceite de oliva. Sala y reserva.
  3. Corta los bulbos por la mitad y los cortas en rodaja a lo largo. Las doras en la misma sartén con un poquito de mantequilla. Sala y reserva.
  4. En una fuente de horno pones la capa de patatas y encima e hinojo. Riega con el vino blanco y deja que termine de cocinarse en el horno unos 15 minutos. 
  5. Añade la nata líquida y el queso a tu gusto. Deja que gratine y sirve antes de que se enfrié. Este es el momento de ponerle un poco de pimienta a tu gusto.

Pollo encebollado al vino tinto

febrero 20, 2026
Estoy hasta el moño del estéril debate -o guerra- contra el burka y el niqab en Europa. O en España. O donde sea. Porque la cosa es adoctrinar a las mujeres y obligarnos por ley a hacer o deshacer, a hablar o callar. La mujer musulmana siempre esclava de los suyos y de los ajenos. Y entre uvas y brevas, el caso es que no se pule el marco de la libertad, donde puedan llevar o dejar de llevar sin presión familiar, social o legal.  Porque en sus países de origen -o de sus padres- si no lo llevan son criminales y cualquier malnacido las puede rociar la cara con ácido o rajarles el rostro, los ojos y hasta el alma. Aquí en Europa, las queremos criminalizar si lo usan. De momento sin ácido. A ver que nos depara el futuro.

El asunto es, que a día de hoy, seguimos sin construir un espacio socio-femenino en el que podamos enseñar u ocultar lo que nos plazca sin que padres, hermanos, maridos, vecinos y demás jungla humana nos etiquete, juzgue, insulte o criminalice. Y esto es lo que a mí me escuece.

Una de las cosas que más agradezco de estar lejos de X y de Facebook es el vivir  limpia de tanto ruido y malos modos. Pero, en cualquier caso, no quiero vivir aislada de lo que pasa a nuestro alrededor porque es responsabilidad de todos construir una sociedad más justa para los que vienen detrás. No se trata de imponer lo que yo pienso, o lo que los "míos" dicen y convertir en mías sus ideas; algunas buenas y otras atroces.
No se trata de bandos, se trata de reflexión, de escuchar a quien argumenta y aislar a los energúmenos que bajo ningún concepto -ni de izquierdas ni de derechas, ni musulmanes ni ateos- nos tienen que representar. Por amor propio y ajeno; por ética social y valores propios. Porque esta gentuza nos está llevando a su terreno y gente maravillosa a nivel individual se convierte en alimaña en cuanto la política o la religión hace acto de presencia.  

Qué lejos estamos de buscar fórmulas para proteger a las mujeres -y niñas- que no quieren llevar ni burka ni niqab y que las mandan de vuelta a los países de sus padres, para que la abuela de turno las case con 16 y así evitar la tentación de los pintalabios y el colorete. Qué lejos estamos de proteger a estas chicas, que al cumplir los 18, dejan una nota de "no me busquéis" en redes y desaparecen para siempre, bajo falsas identidades y protegidas por ONGs que las mantienen a salvo cuando ni servicios sociales ni ningún estamento oficial las ha resguardado de sus derechos fundamentales.

Qué lejos estamos de hacer entender que si desean llevar burka o niqab, están en su derecho pero que si en un momento un agente autorizado les pide que se identifiquen y muestren su rostro lo tienen que hacer. Decirles que tienen derecho a entrar en un café sin que las pongan de patitas en la calle y que deberían poder denunciar cualquier acto de odio al que se vean sometidas. Tienen derecho a defender su dignidad. 

Decirles también que aquí, en Europa la sanidad pública está llena de excelentes doctores varones y que no siempre se puede elegir el sexo de tu médico. Y suma y sigue. Porque no hay ni un solo derecho que no se deje acompañar de una obligación y si queremos una cosa, hay que respetar la otra. Hay que trabajar para vencer pudores y dejar atrás mentalidades retrógradas porque sí, es cierto: como mujer se me rompe el corazón cada vez que veo a una mujer con todo su cuerpo tapado porque de cada vez, he visto injusticia y violencia agresivo pasiva, he visto desigualdades y atropellos.

También te digo que me gusta ver a chicas jóvenes trabajando con su hiyab, de momento solo lo veo en supermercados y poco más pero sueño con ese día que pueda ver a abogadas ejerciendo o doctoras o arquitectas... ojalá llegue ese día donde las veamos empoderarse social y económicamente con o sin hiyab.

Qué importante es poner contexto y trabajar en la búsqueda de soluciones derribando barreras en vez de seguir erre que erre con la mala chufa por delante. 
Ingredientes para 2 personas:

  • 4 muslitos de pollo
  • mezcla de especias a tu gusto (cajún, ranchera, etc.)
  • maicena para rebozar
  • aceite de oliva
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cebolla grande
  • sal
  • salsa worcester
  • 1 vasito de vino tinto

Preparación:
  1. Aderezar los muslitos con las especias que más te gusten y los rebozas en maicena antes de freírlos en una sartén honda a fuego medio alto. Añade un par de ajos enteros a la sartén para que den aroma. Cuando comiencen a coger color uniforme, baja un poco el fuego para que le de tiempo a hacerse bien por dentro.
  2. Retira los muslitos cuándo estén bien doraditos por todos lados. Reserva.
  3. En el mismo aceite, ya sin los ajos, dora la cebolla cortada en tiras finas hasta que esté bien frita. Sala y reserva.
  4. Retira el aceite de la sartén, echa los muslitos y los salteas brevemente con la salsa worcester. Añade la cebolla y el vino. A fuego vivo, deja que consuma el vino casi por completo. Sirve acompañado de tu guarnición favorita. Yo lo he acompañado de un arroz blanco con unas verduritas salteadas.

Salmón con espinacas y salsa de queso

febrero 17, 2026
En el arte de amargase la vida, Paul Watzlawick nos cuenta una anécdota absurda: un hombre -borracho para hacer más creíble la escena- busca sus llaves perdidas debajo de una farola. Pasa un policía y se interesa por lo que hace el hombre: "busco mis llaves" y se pone a la búsqueda de las susodichas. Tras un meticuloso escrutinio, el agente llega a la conclusión que allí no están. "¿Pero está usted seguro que las perdió aquí?". El hombre contesta: "bueno, realmente las perdí en ese oscuro callejón pero está tan negro que allí no voy a ser capaz de encontrarlas.

Qué a lo tonto ¿verdad? Vale, pues imagina que el hombre eres tú y en lugar de estar borracho, estás en horas bajas y las llaves representan la solución a tus problemas donde la farola con luz simboliza el presente y el callejón oscuro el pasado... ahora sí que sí, ¿cierto?
Pues somos un poquito así; nos comportamos a veces tan a lo tonto que para no quedar en plan lelo, adornamos y enredamos desde lo más simple a lo más complejo de nuestra existencia poniéndonos nosotros mismos trabas con el fin de desdibujar lo que nos pasa y así añadir más drama al asunto.

Como además, porque de facilones no tenemos ni un pelo, la naturaleza nos ha dotado de un afán innato por las rutinas -algo que no solo tenemos los humanos sino más animalitos terrestres, con el fin de garantizar o mejorar nuestra supervivencia- pues decía, además tenemos un empeño intrínseco por repetir una y otra vez las mismas costumbres aunque no funcionen en absoluto a la hora de resolver nuestros problemas.  Y así nos volvemos neuróticos en plan bestia.

Es decir, un hábito que inconscientemente nos genera seguridad y confort pero que por lo que sea ya no funciona, no solemos detectar su inutilidad sino que, muy al contrario, nos obsesionamos con la idea de no estar haciéndolo bien así que lo repetimos una y otra y otra... hasta que el cuerpo o la mente se nos descuajeringa sin remedio. O casi. O algo peor.
Y es por eso que muchas veces, las cosas facilonas de la vida se nos indigestan y contra mejor nos va, pues peor, más nos complicamos a lo tonto y miramos a los callejones oscuros con pavor. Y con razón. Porque más allá de los razonamientos de profesionales como el Dr. Watzlawick, no puedo evitar formularme el siguiente enigma: ¿Pero qué **ño hacemos para perder las llaves en callejones oscuros?

Bueno, aún estoy con el libro pero me está gustando el tal Paul. Ah, y el libro es del siglo pasado, sin intoxicar por las cacarrutas de hoy en día.

Hoy, una vez más, tiro de la salsa favorita de mi hijo pequeño para rendir cuentas a este salmón, de los poquitos pescados que por aquí están casi más ricos que los que coméis por el sur. 
Ingredientes:

  • algo de aceite de oliva
  • 4 lomitos de salmón
  • sal y pimienta
  • un poquito de mantequilla
  • salsa worcester
  • 400-500gr. de espinacas
  • 1 vasito de vino blanco
  • 250-300ml. de nata líquida
  • 1-2 cdas. de mostaza
  • sal o sazonador
  • ajo en polvo a tu gusto
  • pimienta blanca
  • 150gr. de queso gouda o cheddar rallado
Nota:
  • A mí me gusta reemplazar parte del queso por un par de lonchas de queso fundido tipo cheddar (tipo tranchetes)

Preparación:
  1. En una sartén con unas gotitas de aceite, dora el salmón cortado en trozos. Cuando empiece a dorar y para marcar el color, añade un poquito de mantequilla, y casi a continuación, añade un chorrito de salsa worcester. Reserva.
  2. En la misma sartén, añade las espinacas cortadas en fino, añade el vino y la nata líquida. 
  3. Añade la mostaza, la sal, el ajo, la pimienta a tu gusto y por último el queso. Deja que la salsa ligue bien y añade el salmón. Deja un par de minutos que se empape de la salsa y listo.

Patatas mozárabes

febrero 15, 2026
Granada, más deslumbrante que la flor, más sabrosa que la fruta de la que toma su nombre, parece una virgen tumbada al sol.
Alejandro Dumas
Las lágrimas me subían a los ojos, y no eran lágrimas de pesar ni de alegría, eran de plenitud de vida silenciosa y oculta por estar en Granada.
Miguel de Unamuno
Granada es un tesoro y permanecerá en mi mente como el más bello. recuerdo por mucho tiempo.
Michelle Obama
En ninguna parte del mundo suena el paisaje como en Granada.
Manuel de Falla
Por el agua de Granada, sólo reman los suspiros.
Federico G. Lorca
Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada.
Lo que dicen las paredes en la Alhambra
Y un mes más, es domingo de reto con Elvira y Estela de Homenajeblog. Ya lo sabrás pero esto va de entrar en cocinas ajenas y versionar alguna receta del homenajeado del mes. Hoy publicamos todas las compis recetas de Elvira del blog Así se come en Granada, nuestra coanfitriona de este reto. 

De entre las muchísimas recetas maravillosas que tiene en su blog, me decidí por estas patatas mozárabes que son una típica tapa tabernera sevillana que se ha extendido por muchos otros bares andaluces. Y aunque los mozárabes no comían patatas -puesto que eran desconocidas en aquel tiempo- ni tampoco degustaban tapas porque se popularizaron en la 2ª mitad del SXX, su nombre seguramente es un homenaje a nuestras raíces mozárabes tan llenas de sabor y especias.
Ingredientes para 4:
  • 400gr. patatas cocidas
  • ½ cdta de sal para salar las patatas
Para la salsa:
  • 150gr. de mayonesa casera
  • 1 cda. de miel o jarabe de agave
  • 1 cdta. de mostaza suave
  • limón a tu gusto
  • 1 cdta.  de pimentón
  • 1 cdta.  de cebolla en polvo
  • ½ cdta. de ajo en polvo
  • ½ cdta. de comino molido

Preparación:
  1. Cuece las patatas, las pelas, las troceas y las salas. Reserva.
  2. Prepara la salsa mezclando junto todos los ingredientes.
  3. Mezcla las patatas y la salsa.

Puré potente de alubias pintas y tomate

febrero 13, 2026
Imagino que al igual que me pasa a mí, habrás notado lo inusuales que son las noticias de las agencias y la prensa (vamos a llamarla seria). Por un lado, nos fríen al hacerse eco de tuits calenturientos de políticos y resto de personajes (vamos a llamarlos también serios) y notables que tiran de tele o redes sociales para hilar sus enredijos; por otro lado, nos relatan sucesos mediocres o absurdos faltos de valor o representativos de nuestra sociedad que han leído de una agencia u otro medio y que calcan sin escrúpulos, por supuesto, sin contrastar ni aportar más información sobre la misma. 

Estos embrollos nunca sé si son obra de la falta de talentos en las redacciones o simplemente mala fe para desviar la atención de otros temas de mayor importancia o trascendencia. Y antes de que me comas viva y sin cocinar, me explico que todo tiene su no sé qué: desde hace muchos años, en las redacciones, se viene prescindiendo de periodistas con solera y los que quedan o bien es porque están mal pagados y no les queda otra que aguantar tralla o son juniors, la mayoría becarios sin experiencia que se les contrata para que trabajen como "chinos" (no me lo invento, esto se decía en una redacción para la que trabajé) sin casi ningún referente veterano cerca que les enseñe la profesión porque los que quedan, bastante tienen con sacar lo suyo.

Así que es muy típico encontrar refritos rápidos y mal hechos de noticias ya publicadas, tuits o noticias de agencias. Casi todos los profesionales curtidos en reconocimiento público y cierta fama, o son freelance o son los articulistas estrellas en medios de tirada nacional con mucha presencia en radio, televisión o merecidos ganadores de premios planetarios o alfaguareros por sus novelas o ensayos paridos en buena pluma. 
Por lo tanto, no es de extrañar que la gente de a pie estemos tan embarullados con las noticias de actualidad sin saber que creernos y sin poder separar la paja del grano informativo. Hoy ya he visto en un par de medios, la historia de una mujer en Valladolid que se pilló el brazo con el canapé de la cama. Una vecina llamó a emergencias y se personaron dos polis de paisano que pasaban por allí y los bomberos. 

La vecina que les pide que tiren la puerta abajo ante los gritos de dolor que salían de la vivienda. Los polis que le piden que se calme. Los bomberos que saben lo que se hacen, abren con el método del resbalón sin que la puerta sufra daños.  La vecina fuera de sí con tanta acción y tanto griterío. Un poli con el salmo clásico del señora cálmese y no obstruya a la autoridad.

Los bomberos abren el canapé, sientan a la maltrecha en una silla en espera de la ambulancia y la vecina sigue fuera de sí, con tantos nervios que se cuela en el dormitorio. El otro poli que le dice váyase señora que usted no pinta nada, que no está autorizada y punto. La convecina contesta pues usted a mí no me toca y, por lo que sea, empuja al poli. Éste va y se planta decidiendo in situ y sin mucha reflexión que por sus bemoles la pesada se va a arrepentir porque menudo es él y va y detiene a la susodicha bajo los cargos de presunta autora de un delito de allanamiento, por su recurrente insistencia en permanecer en la vivienda, y otro de atentado a un agente de la autoridad, por el empujón.

Y yo absorta sin vivir en mí, confusa hasta la médula sin saber si esto es una noticia nacional o el resumen de un capítulo de Aquí no hay quien viva.

Hoy puré potente -requete potente si se me permite- para comer contundente y un poco diferente a lo de siempre, eso sí, sin atentar contra la autoridad del guiso tradicional porque puede que alguien piense que estas alubias tienen malas pintas. Y no, por ahí sí que no.
Ingredientes:
  • unas gotas de aceite de oliva
  • 3-4 dientes de ajo
  • 1 vaso de caldo de verduras
  • algo de pimentón, pimienta y comino molido
  • 1 bote grande de alubias pintas cocidas
  • 2 cdas. de pesto rosso
  • 400gr más o menos de tomate triturado
  • algo de agua
  • parmesano a tu gusto
  • opcional: si el tomate triturado estuviera muy ácido, un poquito de azúcar o jarabe de agave

Preparación:
  1. En un cazo, por los dientes de ajo en un poco de aceite de oliva y deja que se doren a fuego medio. 
  2. Pasa los ajos junto al caldo y las especias por la trituradora.
  3. En el mismo cazo, pon este caldo resultante junto con las alubias, el tomate y el pesto. Deja que cuezan a fuego medio bajo unos 10 minutos.
  4. Separa como 1/4 parte de las alubias, añade un poco de agua al resto y parmesano a tu gusto y en cuento vuelva a hervir, pásalo por la trituradora dejando que quede el puré un poco grueso, sin pasarlo demasiado. Añade las alubias que habíamos reservado, algo más de parmesano y sirve acompañado de unas rebanadas de pan blanco tostado o unos picatostes. 

Leche MAMI frita

febrero 10, 2026
Yo a mi madre la tenía frita cada dos por tres y no por nada especial; no puedo decir que fui una niña rebelde o trasto pero así son las cosas entre madres e hijas porque ella a mí también me tenía frita, para qué mentir. Nunca acudía a los chicos para que le ayudaran en la cocina o en las tareas domésticas y eso me irritaba mucho. Eran años confusos porque por un lado, aunque mis padres tenían una mentalidad muy moderna para la época, en el día a día se les escapaban las conductas machistas por todas sus costuras. 

Pero claro, como niña y encima única entre tanto chicarrón, las desigualdades de genero me tenían todo el día peleando pleitos pobres. Mi padre me tenía la moral comida con sus famosos sermones sobre que tuviera libertad de pensamiento obra y acción pero por encima de todas las cosas, económica que por ahí es por donde se nos oprimía a las mujeres. Y luego en casa los reproches porque todo lo que hiciera fue siempre insuficiente. 
El problema estaba en que como niños no supimos ver -y menos en aquellos años en que las enfermedades metales se reducían a los "subnormales" y los "locos"- que nuestra madre tenía depresión crónica. Yo siempre la recuerdo ya tocada y cuando pregunté hace unos años a Mila, nuestra niñera que tanto nos quería, cuando le pregunté, me confirmó que mi madre siempre fue así: "tenía dos o tres días buenos y luego otros dos o tres que no era capaz ni de levantarse de la cama".

Y así fue la vida de mi madre; sintiéndose sistemáticamente incomprendida porque así era. Y cuando las personas depresivas empezaron a salir del armario mi madre se resistió y no quiso ayuda alguna porque decía -y con toda la razón- que no estaba loca. Lo que le faltó fue ser más comprensiva consigo misma pero, a ver, hasta para eso la mentalidad no cooperaba en absoluto porque con las madres el franquismo, y la estela que dejó a su paso, fue muy cruel relegando su utilidad a ser madres y esposas anulando por completo a la mujer que cada una de nosotras llevamos dentro. 

Ahora tenemos claro -más o menos- las prioridades como individuos únicos y absolutos pero es que para nuestras madres y abuelas esa posibilidad, la de ser mujer por encima de todas las cosas, no existía. Desde que nacían se las preparaba para ser de otros. De cualquiera menos suyas.
Pero no siempre fue todo malo. En esos buenos días, se metía en la cocina y nos preparaba tandas y tandas de cosas ricas que nosotros devorábamos y como decía ella "es que ni lo disfrutáis, tragaldabas". Y en esos días, me pedía como siempre ayuda ya tocaran torrijas, rosquillas, pestiños, magdalenas, arroz con leche o leche frita. Con las cosas de la cocina, no le protestaba tanto. Me gustaba mucho. Y hay muchas cosas que las aprendí de verle a ella y seguir sus instrucciones. Recuerdo que tenía especial cuidado en que el arroz con leche no quedara mazacote, las torrijas secas, los pestiños empalagosos y la leche frita un engrudo. 

Creo que fue de las pioneras en hacer la leche frita con maicena y muy aromatizada con cáscaras de naranja y limón. Ahora nos ponemos muy tontonas con eso de "infusionar" la leche  -a mi abuela le daría un ataque de risa- pero lo de aromatizarla con limón y canela viene de lejos en las casas españolas pero antes los comandos eran menos pretenciosos ajustándose a un simple "echa más cáscara o más canela a la leche" o "echa un puñadito más de...". Y tan ricamente.

Lo de la cucharadita de mantequilla -no de margarina- era algo que solo he visto en casa. Bueno, mis abuelos le echaban mantequilla a la leche porque decían que si no, no tenía sabor. Supongo que por ahí viene la cosa. En cualquier caso, sigo fiel a su uso porque oye, tampoco nos pongamos remilgados en un postre frito que ya puestos, de perdidos al río. La vainilla vino después. Somos un país donde antes la vainilla era complicada de comprar. Incluso, ya al final, recuerdo traerle vainas a mi madre de Austria. La última vez que comí leche frita con ella,  la hice yo. Ya estaba en paliativos y le cocinaba a puro capricho. De antojo en antojo. La hice a mi manera, es decir, a la suya pero con vainilla. Y le encantó. 
Ingredientes:
  • 1 litro de leche
  • corteza de limón y/o naranja
  • canela en rama
  • 1/2 vaina de vainilla
  • opcional: un chorrito de vainilla Bourbon
  • 1 cda. de mantequilla
  • 120gr. de azúcar (la mitad con eritritol)
  • 100gr. de maicena más algo para rebozar
  • 2 yemas de huevos
  • 1-2 huevos más para rebozar
  • abundante aceite (mitad oliva y girasol para bajar la acidez)
  • azúcar y canela para rebozar

Preparación:
  1. Pon a calentar 3/4 partes de la leche a fuego lento con la canela, la vainilla, la mantequilla y las cascaras.
  2. En el resto de la leche, disuelve el azúcar, las yemas y la maicena. Con la batidora eléctrica lo haces en un momentín.
  3. Cuando la leche rompa a hervir, el añades la mezcla, le subes un poquito el fuego y remueves constantemente para que no ha grumos. Retira del fuego la masa cuando veas que cuece y se vuelve muy espesa. Vuelca la masa en un recipiente (preferiblemente engrasado), cubre con plástico de cocina dejando que toque la superficie para evitar que haga costra y lo dejas enfriar por completo antes de refrigerar. Deja que repose toda la noche.
  4. Pasa la masa sobre un papel de hornear, coloca la masa cuajada y la cortas en tantas porciones como desees. Espolvorea con maicena y bate el huevo en un cuenco.
  5. Calienta aceite en una sartén onda y cuando esté caliente (a fuego medio alto) vas pasado por huevo los trozos rebozados y friéndolos los tandas. Deja que escurran sobre papel de cocina.
  6. Reboza cada pieza en azúcar y canela.

Salteado de carne y col con guarnición

febrero 07, 2026
Es oficial; la OMS a través del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, ha clasificado las carnes procesadas dentro del grupo1 de productos cancerígenos lo que implica, para que te hagas una idea, que tiene el mismo impacto que el tabaco en nuestra salud. Ya no es una teoría ni una especulación: Está absolutamente probado que el consumo continuado de carnes procesadas, es decir, productos como el jamón, chorizo, salchichas, hamburguesas o bacon, además de esa infinidad de precocinados o medio preparados que inundan el supermercado, son productos que potencialmente producen cáncer y la relación con el cáncer de colon o estómago es directa y sin pero alguno. 

Consumir 50gr. al día de este tipo de productos (un poco de jamón aquí, un paté allá, un trocito de chorizo para dar sabor, etc.) te asegura un 18% de papeletas para sufrir cáncer de colon. Suma el resto de  productos que consumimos regularmente que las asociaciones de salud no han podido aún tumbar porque la industria es tan brutal que no hay manera de meterles mano por ningún sitio, pues eso, que ahí estamos sufriendo en primera o tercera perdona una enfermedad que es evitable por mucho que la hayamos interiorizado como cosas de la vida, que cuando quiere es muy injusta.
No, querido lector. No es la vida que sea así de perra, son los multimillonarios que su avaricia no tiene límite y en su afán de abaratar procesos y materias primas nos están, literalmente, envenenando. Y eso es lo que produce cáncer,  porque somos prescindibles siempre que ellos vayan a ganar un millón más a nuestra costa. Ya imagina de lo que son capaces cuando hay miles de millones en juego.

Ya se sabe que las margarinas, tanto las industriales como las de consumo directo, son responsables de más de la mitad de los cánceres de pecho y durante décadas la publicidad no ha venido diciendo que la mantequilla natural era caca y que sus margarinas son fuentes de salud. Mentira y gorda. Y suma y sigue que ya no tenemos ni donde escondernos a tantas exposiciones cancerígenas. 
Pero hay que hacerlo. Hay que plantarles cara. Estamos en guerra con la industria alimentaria y nuestra mejor arma es consumir productos naturales, sin pesticidas y sin procesar. Menos es más y en este caso es más salud. Hay que bajar o eliminar ciertos consumos y reclamar que nos vuelvan a vender en pequeñas carnicerías productos sin adulterar, hechos a la antigua usanza y cuando se pueda, hechos en casa. No hay otra si no queremos seguir viendo a los nuestros enfermar, pasar a paliativos y cruzar los dedos para que no sufran mucho. A mí, de verdad, dadme un balazo porque prefiero morir en el frente luchando por nuestro derecho a tener acceso a comida digna y sin venenos.

Hace poco, en esta mousse brutal de naranja, hablaba de los planes del señor jefe de Mercadona, que quiere que dentro de pocos años, todos solo consumamos procesados. Y un comino. No te dejes. No dejes a tus hijos ni a tus nietos que caigan en esa trampa mortal. Que les den a estos ricos de medio pelo que de nosotros solo quieren que consumamos a su antojo. Y va a ser que no. Tenemos que imponernos porque si no consumimos, se van a freír espárragos. Sin nosotros no tienen nada.

Así que aquí te dejo esta idea tan espectacular de un plato de carne y verdura sin procesados. La guarnición también natural y no te van a quitar mucho tiempo. En 20 minutos, desde que empiezas a pelar patatas hasta que lo sirves en la mesa.  Y ésto jamás va a ser capaz de ofrecerlo ninguna marca de procesados. Lo casero es insuperable. 
Ingredientes:

  • algo de aceite de oliva
  • 1 cebolla mediana
  • 500gr. de carne picada
  • sal y pimienta
  • pimentón sin ahumar (estilo murciano)
  • mejorana (u orégano)
  • algunos granos de alcaravea
  • 1 cda. de mostaza
  • 1 cda. de tomate concentrado
  • opcional: algo de ajo en polvo
  • 1 vasito de vino blanco o caldo de verduras
  • 1/2 col rizada (no muy grande)
  • algo de agua si se queda muy seco
  • patatas y calabaza cortadas en dados
  • algo de aceite de oliva para la sartén
  • 1 cdta. de mantequilla

Preparación:
  1. En una sartén grande, pochar la cebolla en algo de aceite de oliva hasta que coja color. Reservar.
  2. En la misma sartén y sin aceite, marcar bien la carne picada. Salpimentar y añadir las especias, la mostaza, el tomate, el ajo y el vino blanco. Rehogar brevemente y añadir la col cortada en trocitos finos. Dejar que se cocine a fuego suave (unos 10 min.) tapado para que no pierda humedad. Si ves que se queda seco, añade un poquito de agua. Rectifica de sal si es necesario.
  3. Al tiempo, en otra sartén mojada en unas gotas de aceite de oliva, salteamos las patatas y la calabaza a fuego medio. Salpimentamos y podemos ponerle algo de alcaravea y mejorana. Tapamos para que no pierda humedad y removemos regularmente para que se dore uniformemente. Cuando veas que empiezan a estar blanditas, añade un poquito de mantequilla para que coja sabor y favorezca el color.
  4. Sirve con la proporción de salteado y guarnición a gusto de cada comensal.

 
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