Leche MAMI frita

febrero 10, 2026
Yo a mi madre la tenía frita cada dos por tres y no por nada especial; no puedo decir que fui una niña rebelde o trasto pero así son las cosas entre madres e hijas porque ella a mí también me tenía frita, para qué mentir. Nunca acudía a los chicos para que le ayudaran en la cocina o en las tareas domésticas y eso me irritaba mucho. Eran años confusos porque por un lado, aunque mis padres tenían una mentalidad muy moderna para la época, en el día a día se les escapaban las conductas machistas por todas sus costuras. 

Pero claro, como niña y encima única entre tanto chicarrón, las desigualdades de genero me tenían todo el día peleando pleitos pobres. Mi padre me tenía la moral comida con sus famosos sermones sobre que tuviera libertad de pensamiento obra y acción pero por encima de todas las cosas, económica que por ahí es por donde se nos oprimía a las mujeres. Y luego en casa los reproches porque todo lo que hiciera fue siempre insuficiente. 
El problema estaba en que como niños no supimos ver -y menos en aquellos años en que las enfermedades metales se reducían a los "subnormales" y los "locos"- que nuestra madre tenía depresión crónica. Yo siempre la recuerdo ya tocada y cuando pregunté hace unos años a Mila, nuestra niñera que tanto nos quería, cuando le pregunté, me confirmó que mi madre siempre fue así: "tenía dos o tres días buenos y luego otros dos o tres que no era capaz ni de levantarse de la cama".

Y así fue la vida de mi madre; sintiéndose sistemáticamente incomprendida porque así era. Y cuando las personas depresivas empezaron a salir del armario mi madre se resistió y no quiso ayuda alguna porque decía -y con toda la razón- que no estaba loca. Lo que le faltó fue ser más comprensiva consigo misma pero, a ver, hasta para eso la mentalidad no cooperaba en absoluto porque con las madres el franquismo, y la estela que dejó a su paso, fue muy cruel relegando su utilidad a ser madres y esposas anulando por completo a la mujer que cada una de nosotras llevamos dentro. 

Ahora tenemos claro -más o menos- las prioridades como individuos únicos y absolutos pero es que para nuestras madres y abuelas esa posibilidad, la de ser mujer por encima de todas las cosas, no existía. Desde que nacían se las preparaba para ser de otros. De cualquiera menos suyas.
Pero no siempre fue todo malo. En esos buenos días, se metía en la cocina y nos preparaba tandas y tandas de cosas ricas que nosotros devorábamos y como decía ella "es que ni lo disfrutáis, tragaldabas". Y en esos días, me pedía como siempre ayuda ya tocaran torrijas, rosquillas, pestiños, magdalenas, arroz con leche o leche frita. Con las cosas de la cocina, no le protestaba tanto. Me gustaba mucho. Y hay muchas cosas que las aprendí de verle a ella y seguir sus instrucciones. Recuerdo que tenía especial cuidado en que el arroz con leche no quedara mazacote, las torrijas secas, los pestiños empalagosos y la leche frita un engrudo. 

Creo que fue de las pioneras en hacer la leche frita con maicena y muy aromatizada con cáscaras de naranja y limón. Ahora nos ponemos muy tontonas con eso de "infusionar" la leche  -a mi abuela le daría un ataque de risa- pero lo de aromatizarla con limón y canela viene de lejos en las casas españolas pero antes los comandos eran menos pretenciosos ajustándose a un simple "echa más cáscara o más canela a la leche" o "echa un puñadito más de...". Y tan ricamente.

Lo de la cucharadita de mantequilla -no de margarina- era algo que solo he visto en casa. Bueno, mis abuelos le echaban mantequilla a la leche porque decían que si no, no tenía sabor. Supongo que por ahí viene la cosa. En cualquier caso, sigo fiel a su uso porque oye, tampoco nos pongamos remilgados en un postre frito que ya puestos, de perdidos al río. La vainilla vino después. Somos un país donde antes la vainilla era complicada de comprar. Incluso, ya al final, recuerdo traerle vainas a mi madre de Austria. La última vez que comí leche frita con ella,  la hice yo. Ya estaba en paliativos y le cocinaba a puro capricho. De antojo en antojo. La hice a mi manera, es decir, a la suya pero con vainilla. Y le encantó. 
Ingredientes:
  • 1 litro de leche
  • corteza de limón y/o naranja
  • canela en rama
  • 1/2 vaina de vainilla
  • opcional: un chorrito de vainilla Bourbon
  • 1 cda. de mantequilla
  • 120gr. de azúcar (la mitad con eritritol)
  • 100gr. de maicena más algo para rebozar
  • 2 yemas de huevos
  • 1-2 huevos más para rebozar
  • abundante aceite (mitad oliva y girasol para bajar la acidez)
  • azúcar y canela para rebozar

Preparación:
  1. Pon a calentar 3/4 partes de la leche a fuego lento con la canela, la vainilla, la mantequilla y las cascaras.
  2. En el resto de la leche, disuelve el azúcar, las yemas y la maicena. Con la batidora eléctrica lo haces en un momentín.
  3. Cuando la leche rompa a hervir, el añades la mezcla, le subes un poquito el fuego y remueves constantemente para que no ha grumos. Retira del fuego la masa cuando veas que cuece y se vuelve muy espesa. Vuelca la masa en un recipiente (preferiblemente engrasado), cubre con plástico de cocina dejando que toque la superficie para evitar que haga costra y lo dejas enfriar por completo antes de refrigerar. Deja que repose toda la noche.
  4. Pasa la masa sobre un papel de hornear, coloca la masa cuajada y la cortas en tantas porciones como desees. Espolvorea con maicena y bate el huevo en un cuenco.
  5. Calienta aceite en una sartén onda y cuando esté caliente (a fuego medio alto) vas pasado por huevo los trozos rebozados y friéndolos los tandas. Deja que escurran sobre papel de cocina.
  6. Reboza cada pieza en azúcar y canela.

Salteado de carne y col con guarnición

febrero 07, 2026
Es oficial; la OMS a través del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, ha clasificado las carnes procesadas dentro del grupo1 de productos cancerígenos lo que implica, para que te hagas una idea, que tiene el mismo impacto que el tabaco en nuestra salud. Ya no es una teoría ni una especulación: Está absolutamente probado que el consumo continuado de carnes procesadas, es decir, productos como el jamón, chorizo, salchichas, hamburguesas o bacon, además de esa infinidad de precocinados o medio preparados que inundan el supermercado, son productos que potencialmente producen cáncer y la relación con el cáncer de colon o estómago es directa y sin pero alguno. 

Consumir 50gr. al día de este tipo de productos (un poco de jamón aquí, un paté allá, un trocito de chorizo para dar sabor, etc.) te asegura un 18% de papeletas para sufrir cáncer de colon. Suma el resto de  productos que consumimos regularmente que las asociaciones de salud no han podido aún tumbar porque la industria es tan brutal que no hay manera de meterles mano por ningún sitio, pues eso, que ahí estamos sufriendo en primera o tercera perdona una enfermedad que es evitable por mucho que la hayamos interiorizado como cosas de la vida, que cuando quiere es muy injusta.
No, querido lector. No es la vida que sea así de perra, son los multimillonarios que su avaricia no tiene límite y en su afán de abaratar procesos y materias primas nos están, literalmente, envenenando. Y eso es lo que produce cáncer,  porque somos prescindibles siempre que ellos vayan a ganar un millón más a nuestra costa. Ya imagina de lo que son capaces cuando hay miles de millones en juego.

Ya se sabe que las margarinas, tanto las industriales como las de consumo directo, son responsables de más de la mitad de los cánceres de pecho y durante décadas la publicidad no ha venido diciendo que la mantequilla natural era caca y que sus margarinas son fuentes de salud. Mentira y gorda. Y suma y sigue que ya no tenemos ni donde escondernos a tantas exposiciones cancerígenas. 
Pero hay que hacerlo. Hay que plantarles cara. Estamos en guerra con la industria alimentaria y nuestra mejor arma es consumir productos naturales, sin pesticidas y sin procesar. Menos es más y en este caso es más salud. Hay que bajar o eliminar ciertos consumos y reclamar que nos vuelvan a vender en pequeñas carnicerías productos sin adulterar, hechos a la antigua usanza y cuando se pueda, hechos en casa. No hay otra si no queremos seguir viendo a los nuestros enfermar, pasar a paliativos y cruzar los dedos para que no sufran mucho. A mí, de verdad, dadme un balazo porque prefiero morir en el frente luchando por nuestro derecho a tener acceso a comida digna y sin venenos.

Hace poco, en esta mousse brutal de naranja, hablaba de los planes del señor jefe de Mercadona, que quiere que dentro de pocos años, todos solo consumamos procesados. Y un comino. No te dejes. No dejes a tus hijos ni a tus nietos que caigan en esa trampa mortal. Que les den a estos ricos de medio pelo que de nosotros solo quieren que consumamos a su antojo. Y va a ser que no. Tenemos que imponernos porque si no consumimos, se van a freír espárragos. Sin nosotros no tienen nada.

Así que aquí te dejo esta idea tan espectacular de un plato de carne y verdura sin procesados. La guarnición también natural y no te van a quitar mucho tiempo. En 20 minutos, desde que empiezas a pelar patatas hasta que lo sirves en la mesa.  Y ésto jamás va a ser capaz de ofrecerlo ninguna marca de procesados. Lo casero es insuperable. 
Ingredientes:

  • algo de aceite de oliva
  • 1 cebolla mediana
  • 500gr. de carne picada
  • sal y pimienta
  • pimentón sin ahumar (estilo murciano)
  • mejorana (u orégano)
  • algunos granos de alcaravea
  • 1 cda. de mostaza
  • 1 cda. de tomate concentrado
  • opcional: algo de ajo en polvo
  • 1 vasito de vino blanco o caldo de verduras
  • 1/2 col rizada (no muy grande)
  • algo de agua si se queda muy seco
  • patatas y calabaza cortadas en dados
  • algo de aceite de oliva para la sartén
  • 1 cdta. de mantequilla

Preparación:
  1. En una sartén grande, pochar la cebolla en algo de aceite de oliva hasta que coja color. Reservar.
  2. En la misma sartén y sin aceite, marcar bien la carne picada. Salpimentar y añadir las especias, la mostaza, el tomate, el ajo y el vino blanco. Rehogar brevemente y añadir la col cortada en trocitos finos. Dejar que se cocine a fuego suave (unos 10 min.) tapado para que no pierda humedad. Si ves que se queda seco, añade un poquito de agua. Rectifica de sal si es necesario.
  3. Al tiempo, en otra sartén mojada en unas gotas de aceite de oliva, salteamos las patatas y la calabaza a fuego medio. Salpimentamos y podemos ponerle algo de alcaravea y mejorana. Tapamos para que no pierda humedad y removemos regularmente para que se dore uniformemente. Cuando veas que empiezan a estar blanditas, añade un poquito de mantequilla para que coja sabor y favorezca el color.
  4. Sirve con la proporción de salteado y guarnición a gusto de cada comensal.

Pudding de limón gratinado

febrero 04, 2026
El amor es para el niño como el sol para las flores; no le basta pan: necesita caricias para ser bueno y ser fuerte.
Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie.
Abrid escuelas y se cerraran cárceles.
El amor vive más de lo que da que de lo que recibe.
Estas joyitas son palabras de Concepción Arenal, una mujerona de las grandes de España que, aunque eran tiempos donde las mujeres contaban muy poquito -y no transcendían nada-, nos dejó los cimientos del ¿feminismo? No sé, llamarlo así es bastante fantasioso porque ella fue de las pioneras -vendrían muchas detrás- que dedicó su vida a concienciar a toda la sociedad, liderada por varones de mentes estrechas, de la importancia de educar a la mujer en todos los ámbitos sociales como única manera de conseguir una sociedad prospera, moderna y competitiva. 

No entraba en ninguna mentalidad hacer una sociedad igualitaria, apenas se arañaba la necesidad de limar desigualdades y sobre todo, incentivar la educación social e intelectual de los más desfavorecidos y claro, la mujer, fuera del estrato social que fuera, siempre sería la más ninguneada.
Fue la primera Doña en colarse en una universidad, vestida de hombre porque no había otro modo; y aunque su osadía fue descubierta, se le permitió cursar Derecho en la Universidad Central de Madrid. Se casó con un hombre que creía en ella y fue su apoyo incondicional. Trabajó para mejorar la vida de las reclusas, reformando el concepto de caridad en nuestro país que tenía mucha caspa beatificadora parida como puro postureo social.

Es posible que su labor no brillara en exceso en una sociedad tan retrógrada y clasista pero sus ensayos y manuales han transcendido a lo largo de los años siendo históricamente nuestro referente más grande: La mujer del porvenir, El derecho de gentes, El visitador del pobre, La  mujer de su casa... te dejo link por si tienes interés en sus obras.
Doña Concepción nación un 31 de enero y murió un 4 de febrero tal como el de hoy pero de 1893, en Vigo. En su tierra.
La figura de Concepción Arenal ha quedado unida inseparablemente a la sensibilidad humanitaria que focalizó en los desheredados, obreros, presos y mujeres;  a la inteligencia;  y a un profundo sentido del deber.
Biblioteca Nacional de España
Ingredientes:
  • 3 huevo
  • 1cdta. de cremor tártaro
  • 70gr. de azúcar de abedul o eritritol
  • ralladura de limón
  • zumo de 3 limones
  • 500ml. de leche
  • 40gr. de mantequilla derretida
  • 30gr. de harina de coco (o maicena)
  • vainilla

Preparación:
  1. Monta las claras con el cremor tártaro y reserva.
  2. Precalienta el horno a 190-200ºC (dependiendo del horno).
  3. Bate las yemas con el azúcar y la ralladura hasta que queden muy cremosas. añade el resto de los ingredientes hasta que tengas una crema suave y sin grumos.
  4. Añade las claras y mezcla sin llegar a batir, removiendo suavemente hasta que estén completamente integradas. Pasa la crema a un recipiente engrasado.
  5. Hornea hasta que la superficie está dorada pero el centro del recipientes esté liquido aún. Servir templado o frío como más te guste.



Albóndigas de lentejas

febrero 01, 2026
cancamusa
f. coloq. desus. Dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto.
Querido lector; no dejemos que esta palabra tan bonita y retorcida desaparezca de nuestra lengua por puro desuso porque entre otras muchas razones -que ahora no caigo pero seguro que existen- es un termino que describe maravillosamente bien los famosos fakes que sin pudor ninguno preferimos acuñar en lengua extranjera haciendo luz de gas a nuestro rico vocabulario.

Qué injusto todo. Pobres palabras olvidadas que ya ni los señores ilustres de las letras se molestan ni en describir en el diccionario a pesar de que su definición esté de rabiosa actualidad. Porque aunque no se cite, cancamusas son hechos falsos y rastreros creados para confundir, para hacernos el lío; para llevarnos de calle y no por donde te apetezca sino arrastrándote a callejones sin salida para darte el palo de mala manera.
Ejemplos hay miles. Digo. Millones. Anda que no. Y es que el ser humano es de lo más creativo a la hora de manipular, mentir, estafar, trampear y contar cuentos chinos a diestro y siniestro por pura flojera. A veces sin pretensiones pero la mayoría del tiempo las cancamusas se abren paso para abusar y engañar sin grandes argumentos ni grandilocuencias. Se recurren a medio verdades para reforzar sentimientos de validez, se usan eslóganes facilones para que cualquier tonto no se pierda en el relato y se le añaden gotitas de miedo y se empapan en salseos egoístas a lo de "nosotros primero". Y segundos y terceros e infinitamente nosotros, es decir, yo, yo y mil veces yo.

No nos enteramos que el rollo asocial nunca ha funcionado, que somos lo que somos por la conciencia y comportamientos social y aún así... en fin. No hace falta -lo sé- pero ¡venga! pongo un ejemplo:

No voy a perder más tiempo del necesario en mencionar a los antivacunas y sus catálogos de cancamusas: que si nos quitan la libertad, que nos introducen chips, que nos envenenan, que nos quieren silenciar, que nos quieren marginar... pues bien, gracias a estas mentes tan sabias y solidarias, el sarampión está azotando de nuevo Europa. Una vacuna barata y segura que cuida de la vida de lo que más queremos: nuestros niños. 

Y gracias a esos papás, que a pesar de tener los medios y la oportunidad, han optado por sus bemoles en no inmunizar a sus hijos, el sarampión aumenta peligrosamente. Tanto que entre 1 y 3 de cada 1.000 niños infectados, morirán. 

Y si tienes en cuenta que no se puede vacunar a los bebés antes de los 9 meses, pues no hay que ser un lumbreras para entender que son estas criaturitas las que están pagando con su vida y salud, el pato al agua de los zotes,  de los cancamuseros que por alguna razón que se me escapa son incapaces de hacer actos de fe y confianza por el bien de nuestros peques. Y si para salvar a un enano hay que comerse la libertad personal, pues ¡hombre! trágate tu tontería.
Estas albóndigas de lentejas están de muerte. Puedes freírlas pero no merece la pena. En el horno o en una airfryer -que perra con acuñar vocablos de guiris- quedan maravillosas. Solo un consejo: quedan más crujientes sin cuando empiecen a dorarse les añades unas gotitas más de aceite para evitar que el horno las reseque. Que ya sabes que en foto todo queda muy bonito pero el plan es que estén de rechupete en el plato.
Ingredientes:
  • 450-500gr. de lentejas
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 dientes de ajo
  • 60gr. de pan rallado
  • 40gr. de queso parmesano
  • 1 huevo
  • orégano y perejil
  • Sal y pimienta
  • unas gotas de aceite de oliva
  • opcional: una cda. de pesto roso o tomate concentrado

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 190ºC.
  2. Pon todos los ingredientes (menos el aceite de oliva) en un procesador o picadora. Haz bolitas del mismo tamaño y las colocas en la fuente del horno con un papel de hornear para que no se peguen.
  3. Antes de hornear, pincela con un poquito de aceite de oliva. Cuando comiencen a coger color, abre el horno y vuelve a mojarlas ligeramente en algo más de aceite. Dejar que se doren por completo.
  4. Puedes servir con tus salsas favoritas. 

Pistacchio latte

enero 30, 2026
El secreto de la felicidad en el amor consiste menos en ser ciego que en cerrar los ojos cuando hace falta.
El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos.
El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.
El cuerpo no es una cosa, es una situación: es nuestra comprensión del mundo y el boceto de nuestro proyecto.
Las arrugas en la piel son ese algo indescriptible que procede del alma.
Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra.

Simone de Beauvoir, filósofa, escritora y pilar fundamental del pensamiento contemporáneo.

Con esta receta, participio en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, el ingrediente a usar es la crema de pistacho. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis. Espero que te gusten.
Ingredientes:
  • 1 café solo (expreso) largo
  • 100ml. de leche
  • 1-2 cdas. de crema de pistacho a tu gusto
  • 100ml. de nata para montar
  • 1/2 cda. de azúcar o eritritol
  • vainilla
  • opcional: 1 cdta. de azúcar o eritritol para endulzar el café si te gusta más dulce
  • escamas de choco y pistacho machacado para adornar


Preparación:
  1. Endulza el café si te gusta más dulce.
  2. Calienta la leche con la crema de pistacho y bátelo con unas varilla para espumarlo. Yo lo he hecho directamente con el calentador/espumador de leche.
  3. Monta la nata con la vainilla y el azúcar o eritritol.
  4. En una taza, pon el café, la leche de pistacho y la nata. Decora a tu gusto.

Mousse de pistacho con chocolate

enero 30, 2026
Somos capaces de mandar sondas a Júpiter pero no tenemos ni pajolera idea de porqué nos sonrojamos. Y la cosa es curiosa porque somos el único animal en este planeta que tiramos del rubor de puro sin querer. No lo podemos hacer a conciencia, de hecho es completamente involuntario y nos pasa cuando metemos la pata en público, o cuando algo nos da vergüenza o cuando nos cruzamos con el ser humano que nos hace requetechispas en el estómago. 

Si te pillan diciendo una mentira, si haces el ridículo en medio de un sitio público, si se te pilla la falta en la medias cuando sales del baño en una disco - Ains sí, cosas que pasan- pues por lo que sea -la adrenalina está de por medio- los vasos sanguíneos de la cara se dilatan y nos ponemos como tomates. Es lo que hay. 
Lo curioso es que Darwin decía que todas las especies han evolucionado a partir de un antepasado común -lo de la selección natural- así que el sentido común nos dice que habría por algún sitio primates que también se pondrían como fresones al ser pillados con el dedo en la nariz o en sitios más intempestivos. Pero parece que no. Así que, o empezamos a asumir que el Sr. Darwin no lo sabía todo  o  vamos a tener que rebanarnos los sesos para justificar nuestras emociones más allá de la ciencia.

De hecho, se dice que las personas que se ruborizan con facilidad son personas más confiables que las que no se ponen rojas ni con colorete. Si encima eres mujer, pues se considera requete mono porque nos hace más virtuosas a ojos de ciertos varones. Me cuesta creer que un rubor sea producto de la honestidad o la generosidad o la inocencia. Yo con estas cosas siempre pienso que hay gato encerrado. Pero contra más mayor me hago menos ingenua soy y lo mismo me paso de la raya.

Puede que como dijo Mark Twain, somos el único aminal que necesita ruborizarse. Eso me lo creo, puede que hayamos desarrollado este poder por lo que sea, y seguro que son motivos varios, pero vaya, en un mundo que alberga a seres maravillosos, solidarios y amables junto con gentuza y basura humana como ese Greg Bovino, comandante en jefe de la patrulla fronteriza, líder en redadas migratorias -los malditos ICE- y máximo responsable de las muertes de Renee Nicole Good y Alex Pretti a sangre fría, este animal, me dicen que se ruboriza y no me lo creo.  Me niego. Lo mismo que su jefe, el patético señor naranja que está echando abajo la Casa Blanca para hacer un salón de baile tipo Versalles cuando su gente, la que prometió proteger, pierde sus granjas, sus casas y sus pensiones. Y encima se creé en sus delirios que es el salvador del mundo. Manda huevos.

Pues nada. Yo, sin ningún rubor, dedico esta deliciosa mousse a toda la gente maja del mundo; se sonroje o no, qué más da. Lo importante es que las buenas personas resistan en tiempos tan turbios.
Con esta receta, participio en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, el ingrediente a usar es la crema de pistacho. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis. Espero que te gusten.
Ingredientes:

  • 3 hojas de gelatina mojadas en agua
  • 3-4 cdas. de leche caliente para disolver la gelatina
  • 4 huevos
  • 75gr-100gr. de azúcar o eritritol (depende de los golosos)
  • 100gr. de crema de pistacho
  • 200-250ml. de nata  (ver notas)
  • 150gr. de chocolate al 70%
  • 150gr. de leche de coco

Notas:
  • La cantidad de azúcar va a variar por dos razones: primero porque hay cremas de pistacho más dulces que otras y porque no es lo mismo el uso de eritritol (que endulza menos) que el de azúcar común. También, como indico arriba, depende de los golosos de la casa. A mi con 75gr. de eritritol, me ha bastado.
  • Usa menos nata (200ml.) si quieres que la mousse quede más cuajada e intensa de sabor o 250ml. (mi caso) si buscas una consistencia más cremosa y ligera. 
  • Se me iba la luz para las fotos así que la consistencia que ves es de 2 horas de frigorífico. Una vez reposada la mousse el doble de tiempo, estaba más cuajadita. En ambos caso, me gustó mucho.

Preparación:
  1. Remoja las hojas de gelatina en agua y una vez reblandecidas, las disuelves en la leche caliente.
  2. Monta las claras a punto de nieve y reserva.
  3. Bate el azúcar y las yemas al baño maría hasta que tengas una crema ligera (unos 3-4 min.).  Retira del fuego y sin dejar enfriar, añade la crema de pistachos y sigue batiendo. Verás que espesa la crema.
  4. Monta la lata y añade la gelatina disuelta y la crema de pistachos. Bate hasta que la crema esté suave. Añade las claras y bate con suavidad hasta que la crema esté lisa. Reserva.
  5. Derrite el chocolate y lo bates con la leche de coco. Añade un poco, a ojo, de la crema de pistacho (como un 10% de la mousse) al ganache para que quede más cremoso y no se quede muy duro al enfriarse.
  6. Monta los vasos primero con el ganache de chocolate y después con la mousse. Decora a tu gusto con cacao en polvo, pistachos molidos, nata o espuma de leche de coco.

Paté de champiñones al Oporto

enero 26, 2026
Hoy hace 100 años que un señor escocés llamado John Logie Baird retransmitió las primeras imágenes en movimiento a través de las ondas a una frecuencia de 14 imágenes por segundo. Lo llamó televisión. Un año después, consiguió realizar una transmisión de TV a una distancia de 705 km por una línea telefónica y en 1929, la BBC comenzará a emitir públicamente en horario nocturno. Y tan ricamente hasta hoy.

Anda que no ha llovido desde entonces. Hemos visto al hombre pisar la luna, al Arguiñano cocinar rico-rico y al Paco Umbral levantar el dedo en una tertulia y decir aquello de yo he venido a hablar de mi libro. Yo que tengo unos años, he visto publicitar donuts bajo el eslogan de "nutritivo", disfrutar de la chispa de la vida y elegir comprar Colón no sin antes "busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo".
En España, la primera retransmisión se hizo desde Madrid en 1956 y tan solo llegó a los apenas 600 televisores que había en la ciudad pero la locura de la tele se contagió rápidamente y el sueño de cualquier español era el de tener uno de esos aparatos en el salón con la flamenca o la muñeca vestida de legionaria encima del artefacto. Creo que puedo afirmar que los españoles fuimos los primeros osados en engalanar a la tele con puntillas y ganchillos como quien viste a una virgen en una romería. Y es que la cosa no era para menos. La tele nos abrió al mundo, o lo vimos, o creíamos que lo veíamos con series como Bonanza, los Tele Rodríguez o las historias para no dormir de Chicho. 
Cuando era pequeña, nos decían que nos íbamos a quedar tontos de ver tanta tele, que ese aparato rompería muchas familias porque en la hora de la cena ya nadie gesticulaba la boca salvo para zampar mientras se veía el telediario. Decían que era la caja boba, que nos creíamos todo lo que se decía y que no íbamos a saber diferenciar fantasía de realidad con tanto chisme.

Bueno, sea como fuere, la tele lo ha sido casi todo en muchos hogares. Era el primer aparato que se encendía al entrar y el último al salir. Aún conozco a alguien que cuando sale de casa la deja encendida: "para burlar a los ladrones" dicen. Sea lo que sea, ahí está. Se quedó en la familia y aún sigue dando guerra. Ha podido con la radio, los cines y el teatro. Parecía que los móviles se la iban a comer pero oye, ni hablar del peluquín; ahí sigue la tía dando guerra.
Ingredientes:

  • 1 cebolla
  • 1 puñado de almendras o nueces
  • 2 dientes de ajo
  • 350-400gr. de champiñones
  • salsa Worcester
  • sal
  • pimienta
  • hierbas provenzales (o las que más te gusten)
  • 1 vasito (de los de vino) de Oporto
  • 30gr. de mantequilla (no margarinas)

Preparación:
  1. En una sartén a fuego medio, dora la cebolla en un poquito de mantequilla. Cuando empiece a pochar, añade las almendras y el ajo. Baja un poquito el fuego y deja que termine de pochar. Reserva.
  2. En la misma sartén y con otro poquito de mantequilla, dora los champiñones a fuego fuerte para que sellen y no se deshidraten. Añade la salsa Worcester, la sal, la pimienta y las hierbas sin dejar de remover. Por último, añade el vino y deja que reduzca casi por completo a fuego vivo.
  3. Tritura. Pasa el paté a un recipiente y pon un poquito de la mantequilla que te haya sobrado por encima. Termina con un poquito más de hierbas por encima y deja que enfríe por completo en el frigorífico antes de consumir.

Crema de coliflor y zanahorias

enero 23, 2026
Oye, ¿y a ti no te pasa que cuando estas sin hacer nada te sientes como un vagueta vegetativo con trazas de gandul en proceso desidioso por culpa de tu falta de cuajo y otras perversidades fruto de la holgazanería? ¿Te pasa? ¿Verdad que sí? y es que estamos educados a nivel social para ser siervos productivos a jordana completa y para que no nos revelemos, pues nos dan una paguita por nuestros servicios profesionales casi siempre exangüe y poco vigorosa que se esfuma en un abrir y cerrar de ojos, casi de puro sin querer, en comprar, pagar, comprar, pagar y así sucesivamente por los siglos de los siglos. 

Y eso los trabajos remunerados. De los otros mejor no abrimos el melón.

Pero pero, ¿Qué es esto? Que no y no. Que la vida no va así. Que nadie sabemos para que estamos en este mundo, que ésta es la pregunta del millón que nadie jamás en la historia de la humanidad ha podido responder sin faltar a la verdad... que no. Que nos han convencido que no hacer nada no sirve para nada bueno. Pero ya está bien. Necesitamos descansar de tanto movimiento porque por mucho que nos quieran convencer que el mundo se va a la mierda si dejamos de producir no es verdad. 
Si dejamos de ser productivos a tiempo completo lo único que pasa es que los requetericos, esas apenas 400 familias que controlan el mundo, van a generar menos dinero, algo que debería de darles igual porque ya no son capaces de valorar todo lo que tienen; un trillón más o menos debería ser irrelevante pero ni de coña. Esta gente nos necesita para que trabajemos y gastemos a saco. No valemos para nada más. 

Voy a poner un ejemplo un poco escatológico pero que representa a la perfección el comportamiento humano; imagina que las personas excretásemos oro en vez de cacotas. A la ligera uno puede caer en el error de pensar "pues los pobres no cagarían" y no. Detente un momento; si fuera así, los ricos, los de siempre, esos 400 clanes, nos tendrían al resto cagando en macro fábricas y a las hembras pariendo como posesas para tener más personitas cagables y productivas a nivel de excrementos premium. 

Y ¿Qué hacer con tanto oro? Uf, ¿Qué aburrimiento no? Pues crearemos una sociedad con clases privilegiadas que además de defecar como los demás -pero estos en wáteres limpios y perfumados- les dejaremos gastar su propio oro que deberán a su vez, consumir en cosas que nos vuelva a nosotros -que somos los dueños legales y morales del oro- y para ello tendrán que producir temas vendibles y comprables para así hacer que la riqueza no nos sea tan tediosa.

Estas clases privilegiadas se dan cuenta que necesitan de clases por debajo que les hagan el trabajo sucio. Eso sí, al mismo nivel ni de coña que se vienen arriba y lo que nos faltaba; eso no es bueno para el negocio. Les decimos que el oro es de todos aunque lo caguen ellos pero que la sociedad es tan buena que les deja una pequeña cantidad de oro para que puedan gastar a su antojo. 

Ay, la libertad, que buena y solidaria es. A cambio, hay que producir una cantidad concreta de oro porque si no, se termina en las granjas cagaderas sin remedio. La vida es así. Pero no hay que desmoralizarse porque si alguien evacua por encima del resto, es decir, por encima de la producción media lo mismo le ascendemos y le dejamos vivir con un puñadito de oro más sustancioso. Y si se lo curra mucho más y nos pelotea servilmente, hasta es posible que le hagamos medio socio del cotarro y dejaremos que controle la producción del resto pudiendo recibir -si la producción de su cuadrilla es buena- una gratificación extra no del oro de los de arriba, sino del oro de los de abajo que por mucho que evacuen siempre van con el culillo encogido.
Pues mira, la caca no es oro pero la vida sí lo es. Y buscar momentos de silencio, de paz, en contemplación y sin producir nada de valor comercial, son esas pepitas de oro que nadie nos puede robar y que ni nos dan ni nos quitan la vida pero nos la hace más hermosa y apetecible. Aunque nos llamen vagos. Qué sabrán ellos.

Es un poco injusto que esta crema venga acompañada de una reflexión tan escatológica porque no se lo merece. Solo debes cambiar el contexto y quedarte con que es oro líquido, maravillosa toda ella pero que si además tienes problemillas para visitar al Sr. Roca pues es mano de santo. Prometido. Si tus visitas al escusado son demasiado escasas, puedes cambiar la zanahoria por calabaza. Y tan ricamente.
Ingredientes:
  • 1 pella de coliflor mediana
  • 2-3 zanahorias
  • 1 patata mediana
  • cebolleta o puerro a tu gusto
  • 1 tomate
  • 1-2 dientes de ajo
  • caldo de verduras (1/2 l. más o menos)
  • algo de comino
  • algo de pimentón
  • algo de pimienta
  • sal o un chorrito de salsa de soja que le viene que ni pintado

Preparación:
  1. En una fuente de horno, asa a 200ºC las verduras con el ajo y un chorrito de aceite de oliva hasta que tomen un poquito de color.
  2. En una cacerola, pon el caldo, las verduras asadas y las especias. Deja que se hidraten unos 5 minutos.
  3. Tritura y rectifica de sal o añade un poco de salsa de soja.

Mousse de naranja

enero 20, 2026
Hace no mucho Juan Roig, el dueño de Mercadona dijo que el en el futuro no vamos a cocinar, que en los supermercados prácticamente se venderán productos listos para consumir. Es decir, comida procesada. A mí que no me vengan con estas  flautas a estas alturas de vida. En los 90 también se decía que la comida de abuelas estaba desapareciendo, que a medida que nuestras yayas fallecían nos íbamos quedando sin las recetas tradicionales de toda la vida. Y mira, para nada. Todo lo contrario. Las redes están llenas de recetas y cada una de ellas al estilo de cada casa; incluso hay quien explota sin tapujos esos eslóganes en plan "la auténtica receta de mi abuela" para conseguir más like sin despeinarse.

No. Yo no me lo creo aunque sí tengo claro que ya han comenzado a querer convencernos de ello porque lo único cierto es que esta gente está invirtiendo millonadas en comida procesada, curiosamente cuando las instituciones empiezan a retirar los multi-procesados en entornos donde comen los más vulnerables: colegios, guarderías, hospitales. Por algo será.
Pero la industria, que tiene un peso brutal, ya ha decidido que eso es lo que quiere para nuestros hijos y nietos así que ya podemos ponernos las pilas, sacar las espumaderas y sartenes y reivindicar lo nuestro. Porque mucho me temo que la estrategia va a ser encarecer los productos frescos y naturales mientras abaratan la comida basura así que, si les dejamos, solo los ricos van a tener el privilegio de degustar comida fresca y sana pero al resto nos tocará sufrir las consecuencias del consumo continuado de procesados, algo que a día de hoy aún se desconocen muchos de los efectos a largo plazo. A corto plazo, ya sabemos mucho y nada bueno, por cierto.
Es verdad que luchar contra la industria es un poco como lo de David y Goliat pero no debemos de perder el foco. Cuidar nuestra salud de verdad y no dejándonos envenenar a través de la publicidad que cuanto más presume de algo, más carece de ello. Nuestro mayor arma, algo que aún no nos entra en la cabeza, es dejar de consumir. Lo hacemos compulsivamente y sin pensar. Y eso tiene que cambiar. Si algo esta caro, no lo compres. No se trata de si lo puedes pagar. No lo compres y ayuda al que no puede. Si algo no es saludable, tampoco lo compres. Hazlo tú que tampoco es para tanto. 

Esta mousse es una delicia y no hay nada industrial que se le parezca. La delicadeza y la sutilidad de sabores de lo casero no es comparable con los postres industriales. Si queremos cuidarnos, todo pasa por comer más casero y menos guarrerías del super. Besos.
Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 100gr. de azúcar o eritritol
  • zumo de 2 naranjas
  • 60gr. de mermelada de naranja
  • 3 hojas de gelatina y agua para remojar
  • vainilla
  • 200ml. de nata para montar
  • Para decorar un poco de salsa de naranja (zumo 1/2 naranja, 2 cdas. de sirope de arce, 1 cda. de nata líquida)

Preparación:
  1. Monta las claras de huevo y las reservas.
  2. Bate con unas varillas las yemas con el azúcar al baño maría.
  3. Mientras, calienta el zumo e incorpora la mermelada. Retira del fuego, añade la gelatina remojada en agua (unos 10min.) y bate bien para que no queden grumos. Añade la crema de las yemas y deja que temple.
  4. Monta la nata con la vainilla y añade la crema de naranja. Incorpora las claras y mezcla con suavidad hasta que queden grumos. Pásalo a los recipientes y deja que cuaje en la nevera entre 4 a 6 horas.
  5. Para servir, puedes hace un poco de salsa de naranja: calienta el zumo, el sirope y la nata hasta que reduzca más o menos 2/3 partes. Deja que temple antes de servir.
 
Copyright © Hierbas y especias. Diseñado con por Las Cosas de Maite