Arroz rojo mexicano

abril 03, 2026

Querido compañero de viaje. Estamos en nuestra quinta etapa y quiero imaginar que sigues los pasos de nuestros protagonistas con la misma ilusión y emoción que siento yo. Recuerda que la palabra escrita es papel mojado sin unos ojos que la engullan y la hagan suya. Sin ti no hay historia y la de hoy es la más dura y cruel de todas.

Es vital que me centre sin pasión en los hechos, en lo que sabemos, porque su vida, obra y milagros es producto de la más pura y horrenda invención pero que ha calado tanto en la cultura mexicana, que aún nadie ha reestablecido oficialmente su verdadera historia. Es la más borrada de nuestras cuatros protagonistas. Y si bien el pueblo mexicano la ensalza con orgullo y admiración, nadie aún -o casi- ha rebuscado entre las capas del personaje de ficción para descubrir a la verdadera Catarina de San Juan, la China de Puebla.

Vale, cojo aire y voy a resumirte lo que se sabe de su vida, ignorando las barbaridades que contó su cuentista mayor, Alonso Ramos. Y que quede por delante que no soy yo quien desmonta a este farsante porque de eso ya se ocupó la Inquisición que, por lo que sea, dijo basta al cuento de la princesa santa y milagrera que llegó a México por mandato divino para sufrir en Puebla. ¿Con qué fin? Pues a sufrir por sufrir que es lo que hacen las santas. En cualquiera de los casos, me he resistido a darle veracidad a ninguno de los jesuitas que construyeron al personaje de la Santa de Puebla. Esto es lo que se sabe de ella:

Hacia 1605, nace en la India en el seno de una familia pobre siendo vendida a unos comerciantes de esclavos portugueses posiblemente cuando tenía 11 años de edad, la misma edad que tenía Rukhmabai cuando la casaron. No era una princesa raptada por piratas. Tristemente, estamos ante otro uso muy común en comunidades de pobreza extrema. Vender a tus propios hijos para sobrevivir sigue vigente hoy. 

La cría fue bautizada a la fuerza porque los esclavos cristianos tenían un valor de mercado más jugoso y en Manila se le pierde la pista durante 6 años. Hoy sabemos por cientos de informes fiables, como funciona la trata infantil por lo que no es descabellado afirmar que la niña fue violada, forzada, esclavizada y maltratada por cualquiera porque en aquel entonces la esclavitud y el maltrato era legítimo. 

Fíjate si esto era sabido, que sus "biógrafos" decían que los hombres que intentaban acercarse a ella quedaban cegados o paralizados por una fuerza divina. De nuevo, el recurso celestial para tapar atrocidades que desvirtuaban a las víctimas y la santa había que conservarla muy santa. Y para ser santa hay que ser virgen y pura porque por todos es sabido el latazo que el mundo nos ha dado con eso de ser solteras y enteras; pues si nos quieren puras,  ¿Por qué nos violan? Pero sigamos.

Las esclavas eran valiosas porque parían esclavitos -no hijos- que a su vez eran vendidos y así se rentabilizaba con creces la inversión. Ella, en cambio, nunca tuvo hijos lo que hace que mi mente retorcida sospeche que algún malnacido la reventó por dentro -ésto también está tristemente documentado en los informes oficiales contra la trata infantil- y a consecuencia de ello, de ser cierto, fue marcada como producto defectuoso. Insisto, es mi teoría, nada de esto quedaba documentado en aquella época.

Un mercader la compró a buen precio en Manila y la embarca hasta Acapulco donde en 1621, a la edad de 17, es comprada por Miguel de Sosa, vecino adinerado de Puebla donde ella reside hasta la muerte del amo, 25 años después.

Parece que Catarina "es la joyita" de la casa, porque también está documentado lo valiosas que eran las chinas de origen hindú -todas las asiáticos eran llamadas chinas- un lujo que no está al alcance de cualquiera. Estas esclavas son escasas y caras pero Sosa la adquiere al precio regular del mercado. Es posible que ya se supiera o hubiera sospecha de que estaba traumatizada, algo perturbada. Puede que por eso se la conservó en la casa a pesar de no haber sido capaz de aprender bien el español, hablando esa mezcla confusa de hindi, portugués, filipino y español. 

No parece que se la mantuviera en la casa por cariño porque los términos del testamento del amo no demostraron mucho apego sino una intención clara de despacharla de la casa pero sin que quedara en la calle sin posibles. Así que, además de servir dos años más como esclava al servicio de su viuda, le daba la libertad siempre que eligiera una de estas dos opciones: entrar como donada en el convento en el escalafón más bajo, es decir, seguir siendo esclava de las monjas o casarse con Domingo Suárez, un esclavo liberado también chino que, para cerrar el trato con el hombre, recibiría una dote de 400 pesos y alguna cosilla más siempre que cumpliera con su parte.

Catarina aceptó casarse con él con una única condición: no debía tocarla, compartir lecho ni consumar el matrimonio cosa que el hombre aceptó y cumplió porque a saber todo lo que ya había visto en sus años de esclavo y cómo no sentir compasión por una mujer cercana a los 40 años, que se marchitaba y que sufría a menudo episodios de delirio que la gente ya empezaba a cuchichear que eran rarezas místicas. 

Imagino que el hombre puso de su parte, pero un esclavo que nunca tuvo nada y que de repente se ve con una pequeña fortuna, pues despilfarró a saco hasta que no quedó ni un peso. Y aunque poco se conoce de la vida del matrimonio, se sabe que vivieron muy miserablemente en el barrio de los libertos de Puebla, sin otro remedio que seguir trabajando precariamente en talleres textiles y cosiendo prendas para los acomodados.

Malvivía en una covacha, descalza y con un par de harapos por toda vestimenta, algo que choca tremendamente con el mito de la China de Puebla que puso de moda la falda floreada con la camisa blanca y escotada. La China de Puebla, no fue Catarina. Los hechos nos llevan lejos de esa fantasía. Lo cierto y probado es que ella no fue nunca esa mujer; fue una liberta que a medida que se deterioraba impidiéndola trabajar, no tenía que llevarse a la boca y le tocó subsistir gracias a limosnas. 

Por lo tanto ¿Qué pasó para que le atribuyeran esas dotes divinas de beata convencida que hablaba con la virgen y obraba milagros? No soy experta pero creo que hoy lo llamarían trastorno de estrés postraumático derivado de tantos años de trata, violencia y despojo de su dignidad. Esos brotes los tuvo a menudo pero fueron creciendo a medida que Catarina envejecía y para cuando enviudó ya no tuvo quien la sustentara en absoluto. Vivía de la caridad.

Y aquí es cuando se convierte en la santa perfecta.

En Puebla, varias órdenes religiosas estaban requetepicadas unas con otras por ver quién tenía más influencia y "santos" locales. No nos tiremos de las vestiduras que apariciones y locuciones con la virgen han existido siempre y con más que interesantes ingresos económicos. Y los jesuitas, por lo que fuera, descubrieron el filón y lo explotaron.

Y aquí volvemos a suponer porque no se sabe nada en absoluto y es muy tentador mentir o manipular. Así que voy a intentar ser lo más neutra posible: ha  enviudado y su pobreza es más extremas aún. Ya es una anciana, está en la más absoluta de las soledades y en sus delirios medio en hindi, filipino y español roto, algo que la gente no entendía, se empieza a extender la idea que lo que ella habla es el idioma de dios. Y claro, aparecen los jesuitas y hacen de traductores; comienza a  predecir muertes ilustres, desastres naturales y otras naderías. Esa lengua irreconocible por todos menos por sus confesores es con la que se comunica con la virgen y con Jesucristo. 

No hay constancia alguna de que ella hablara de primera mano con nadie una vez que los jesuitas se hacen cargo de ella. La proporcionaron asilo en el Convento del Espíritu Santo, lejos de otras ordenes religiosas y orejas poco discretas que pudieran desmontar el negocio. Porque eso es lo que fue: nobles, gazmoños y hasta obispos iban a verla a su celda para conocer a la Santa de Puebla a cambio de lo que hoy se sigue explotando en Lourdes, Fátima o en la Basílica de Guadalupe en el propio México.  

Y a cambio se la permitió vivir sus últimos años en paz, durmiendo dignamente en un catre y atendida en condiciones por su compañera de celda y la madre superiora que quiero -no, necesito- pensar que la apreciaron de corazón.

Fue a través de ellas que trascendió uno de los sueños más recurrentes de la anciana: soñaba con que sus padres llegaban a Puebla y de rodillas se acercaban a ella y la abrazaban. Y ella los perdonaba y los abrazaba también. Y así, soñando con abrazos y perdones que nunca llegaron, murió en su celda. En su testamento dejó una cazuela, un crucifijo y cuatro harapos. 

Para la más silenciada; la que nunca fue ni escuchada, ni preguntada; para la más frágil y más olvidada que solo sirvió para los intereses ajenos despojada de cariño y respeto como siempre que hablamos de gente humilde; para ella, la China de Puebla que nunca fue, publico este arroz rojo, cocina sencilla y sin pretensiones que nunca falta en ningún hogar mexicano. En casa de Sosa, antes de mendigar libre pero abandonada ¿Probó alguna vez este arroz tan sabroso como sencillo? 

Ojalá. Y ojalá llegue alguien y restituya la dignidad de esta mujer que se merece ser no solo símbolo mexicano sino mundial. Si eres creyente reza no por la Santa de Puebla sino por todas las personas que a día de hoy son víctimas de la trata de personas.

Nota: Si alguien quiere saber más de los esclavos chinos en México, estas bibliografías son necesarias: Tatiana Seijas, Asian Slaves in Colonial Mexico: From Chinos to Indians (2014). Y Úrsula Camba Ludlow, Imaginarios y realidades de la Puebla de los Ángeles: siglos XVI y XVII (2008).

Ingredientes para 4:
  • 2 tomates rojos
  • 1 cebolla 
  • algo de pimiento rojo o chile serrano
  • 1-2 dientes de ajo
  • algo de aceite de oliva
  • zanahoria muy picada a tu gusto
  • 1 taza de arroz de grano largo
  • 2 tazas de caldo de verduras
  • unos chicharros (guisantes) a tu gusto
  • perejil o cilantro a tu gusto
  • opcional: algo de orégano, de tomate y chile rojo en polvo

Preparación:
  1. Remoja, lava y seca el arroz para evitar que se pegue y quede pastoso. 
  2. Prepara el recaudo: en una licuadora pon los tomates, el ajo, la cebolla y un poquito de pimiento o chile serrano a tu gusto y licúalo todo junto.
  3. En una sartén amplia, calienta el aceite a fuego medio-alto. Añade el arroz y sofríelo revolviendo constantemente, hasta que tome un color dorado. Añade la zanahoria y rehoga otro poquito más. Si es necesario, baja el fuego un poquito.
  4. Añade ahora el recaudo, sofríe un poquito y agrega el caldo de verduras.  Cuando empiece a hervir, tapa la olla y baja el fuego al mínimo.
  5. Cocina unos 18-20 minutos hasta que el caldo se absorba. Unos 5 minutos antes, añade los chicharros. Apaga el fuego y deja reposar, tapado, por otros 5 minutos.

Galletas de crema de limón

abril 01, 2026

Como ya te anticipé aquí, nuestro viaje nos lleva de nuevo a Viena donde vamos a recibir a una recién casada que es recibida con gusto por su suegra quien aplaude su porte y actitud de esposa perfecta. La flamante archiduquesa de Austria, nacida princesa en Bélgica, recibe su primer revés; ella no ha sido educada para ser consorte sino para gobernar. Lo tiene todo: la educación, el carácter, el temple y el ingenio pero parece que su nueva familia no piensa lo mismo. 

Pese a todo, es una esposa por amor. Rechazó a reyes de media Europa pero tuvo que enamorarse del hombre que menos la merecía, Maximiliano el hermano del emperador austriaco, de carácter flojo, sin educación para gobernar y más predispuesto a la caza de mariposas —y faldas— que a administrar sus dominios. 

En cambio Carlota,  princesa de la casa de Sajonia-Coburgo-Gotha, fue la favorita de su padre quien quiso que recibiera la misma educación que sus hermanos preparándola para regir a pesar de saberse que nunca podría acceder al trono por ser mujer. Y él, sin instrucción pero con un título que se lo permitía simplemente por ser hombre. Dos personas equivocadas en el lugar equivocado que van a pagar alto el precio de este desacierto.

Y es que la inteligencia, por muy regia que sea,  no nos protege del corazón que cuando se le mete a alguien entre ceja y ceja no suelta la presa ni a tiros. Y allí estaba ella, destinada a ser consorte de un pelele que sufría a menudo ataques de melancolía a costa de una novieta de juventud —que murió de escarlatina— y algún que otro de nervios —o eso decían, a saber— que le impedían de vez en cuando acudir a actos oficiales donde Carlota cubría con dignidad y brillo sus ausencias.

¿Ves la ironía en todo esto? porque si Carlota hubiera nacido hombre, habría sido una gobernante extraordinaria. Si el Maxi hubiera nacido mujer, nadie le habría puesto un imperio en las manos. El siglo XIX los colocó exactamente al revés.

Pero sigamos adelante, que aún no hemos llegado a lo más tremendo. De entrada nos saltamos su paso por Lombardía-Venecia. Aquí ella se lo pasó dando la cara por él, desencantada por completo de su marido y él en su nube porque mientras no le faltara el dinero -de ella- le traía todo al fresco. 

Tanto, que era un tipo de esos que si alguien le pinchaba, sangraba horchata. Solo una anécdota: se cuenta que en un viaje trasatlántico él se lo pasó lloriqueando por la novia difunta porque decía que todo le traía muchos recuerdos. De regreso hicieron una parada en Tetuán. Carlota llegó muy deprimida y tuvo que descansar. El Maxi la dejó tirada y se fue a visitar a una amante a ver si le levantaba un poco el ánimo. Dicho queda.

Así que sí. Muy posiblemente Carlota ya venía sufriendo brotes depresivos, posiblemente desde la muerte de su madre cuando ella tenía diez años, que superaba siempre con genio y fortaleza de espíritu y no es de extrañar que el precio de estas remontadas fuera que se le fue amargando el carácter, puede que cada día se volviera un poco más histriónica... pero... no sé. Sigamos.

Bien. Por cosas que pasan, Napoleón III les convence que aceptar ser los emperadores de México. La cosa estaba calentita por aquellas tierras y así es como esperaba apaciguar el clima. Muy listo, no era. La verdad. Pero por lo que sea, caen en el enredo. Marchan rumbo a México y lo que se encuentran, no es lo esperado. Hay mucho que hacer y mucho que aprender. Como siempre, el Maxi se dispersa cada dos por tres. Le pone ganas pero no llega a cuajar lo suficiente. Es de nuevo ella, quien se encarga de las cosas de estado. 

Y al Napoleón, como le salen otros rotos por diferentes lados, les ningunea la ayuda militar prometida. La situación empieza a ser insostenible. El Maxi manda cartas a todo cristo pero nadie les ayuda. Es ella, embarazada de pocos meses, quien decide ir a Europa a reclamar la ayuda necesaria para que el reciente reino mexicano no caiga en manos de revolucionarios y Norteamericanos. En fin, que la cosa ya no se sostenía.

Y a partir de ahora yo te cuento los hechos que conozco. Tú, querido lector, debes sacar tus propias conclusiones:

Napoleón III, el intrigante de todo este desastre, en cuanto la cosa se puso fea, los abandonó sin pestañear. Los usó y los tiró. Y a otra cosa. Y en lugar de tirar de cinismo o frivolidad y decirle a las claras esto es lo que hay moza, o lo tomas o lo dejas, el muy canalla optó por ningunearla. 

Pretextó estar enfermo y se escondió en Saint-Cloud. Si bien le mandaron coches de bienvenida como era de esperar, la esperaron en la estación equivocada. Cuando arribó al puerto de Saint-Nazaire, las rosas de bienvenida ya estaban marchitas. Cuando por fin se reúnen y le reprocha el incumplimiento del acuerdo, él alega que sin sus ministros no puede hacer nada. Dos días después volvió a intentarlo. En esa segunda reunión, la emperatriz Eugenia fingió desmayarse. Muy oportuno todo.

Y en este punto, con la Emperatriz mexicana cansada por el largo viaje, humillada, embarazada, agotada y nerviosa... en este mismo instante, Napoleón la recibe a puerta cerrada. Nadie sabe lo que allí se dijo ni lo que pasó. Tan solo se puede constatar que Carlota entró decidida y lúcida, dispuesta a defender lo suyo y salió fuera de sí gritando que la habían intentado envenenar. 

Desde este momento, vive completamente obsesionada ante la perspectiva de un intento -fallido o no- de envenenamiento. 

Acude al Papa, en busca de ayuda y de asilo. Le hace saber que teme por su vida ya que tiene fundadas sospechas de que los agentes de Napoleón desean envenenarla. La ningunea. Otro más. Pío IX no está contento con la libertad de cultos defendida por su esposo y le hace saber que para reunirse ella debe prometer que no se hablaría de política. Ella ha viajado a Roma para nada. Aun así, la permiten pernoctar en las estancias papales algo que no había ocurrido nunca.

Y en medio de la noche, un cardenal la visita y la convence para abandonar la sede a través de las cocinas. ¿Por qué? ¿qué estaba pasando?. Carlota llevaba días sin comer. ¿Locura? ¿delirio? ¿o un acto desesperado de una embarazada cuando cree estar siendo envenenada y se niega a comer para salvar su vida o la de su bebé?. Carlota, como cualquier mujer en su estado, quería sobrevivir pero en las cocinas, algo pasa; una monjita insiste en que tome algo. Hay un forcejeo. Se quema la mano con el caldero. Suficiente. Su locura ya estaba harto documentada: perturbada, con delirios y agresiva. 

¿Ves lo que yo veo? salió de México embarazada de tres meses de un bebé del que nunca más se supo aunque por los mentideros reales se contaba que no era del Maxi —el matrimonio llevaba años sin cohabitar, ahí lo dejo—. Pero más allá de los rumores nadie preguntó, a nadie le chirrió este asunto. ¿Qué pasó en esa reunión a puerta cerrada con Napoleón? ¿Por qué salió gritando convencida que la envenenaban? ¿Tenía sentido matar a una emperatriz cuando no había nada más fácil que encerrar a mujeres incómodas por locas e histéricas? ¿Tenía sentido quererla hacer abortar? ¿Y cuál es nuestro instinto más básico? Sobrevivir. Recuerda que hasta hace bien poco —y a saber si aún hoy— se decía que las mujeres nos volvíamos un poquito majaretas en el embarazo. Así que ¿Para qué dudar de su locura?

Se presenta su hermano Leopoldo —el mismo que años después se forjó una fortuna inmensa sobre los cadáveres del Congo— con el director de un manicomio austriaco. Qué conveniente: la familia política y la biológica, unidas. Se la llevan medicada sin su consentimiento; el francés se salió de rositas; los austriacos convirtieron al Maxi en mártir; el de Roma, la representación divina en la Tierra, miró para otro lado sin arrugarse la sotana; y el Leopoldo, el hermano que toda fortuna le parecía poca, se quedó con su patrimonio.

Vaya locura más conveniente para todos, ¿no crees?

El Maxi en México no reaccionó. Quiso huir pero su madre le escribió que ni hablar, que asumiera su destino que no fue otro que el de morir fusilado en el Cerro de las Campanas. Cuentan que camino del paredón, ya en el carruaje, el cazador de mariposas se preguntó en voz alta si Carlota seguiría viva. Por una vez, demostró tener sangre en las venas. 

Le hubiera gustado saber que vivió sesenta años más aunque me temo, si no la he juzgado mal, que ella posiblemente lamentó la vida entera no haber muerto en aquella sala de París, en lugar de esas seis décadas encerrada en el castillo de Bouchout, aislada y drogada, el mejor remedio para no poder contar su versión de los hechos.

Y la historia la recuerda como la que perdió la cabeza. Como siempre, otra mujer borrada. Qué fácil. Qué sencillo. Otra historia más reescrita por los que tenían poder para hacerlo. Como tantas. 

Antes de continuar, necesito pedir perdón a Carlota. Cuando escribí esta entrada, caí en la trampa: la pinté sin cuestionar la historia oficial quien la pinceló de frívola, inestable, la que se volvió loca. Y con el mismo pincel con el que la historia la ninguneó, la ninguneé yo también. Ya ves, aquí estoy siempre pregonando los peligros, la necesidad de cuestionarlo todo y caí como una pánfila. Mil perdones y prometo tener más cuidado en el futuro.

Y dicho esto, con el corazón en la mano, vamos a la receta. Se dice que cuando llegó y comenzó a alternar con la alta alcurnia mexicana, se servía chocolate con bollitos. Para su espanto, las mexicanas mojaban todo en el chocolate. Casi le da algo. Pidió regresar al clásico té con pastas y evitar cualquier churreteo en la merienda. 

Estas galletas son muy austriacas, las típicas Linzer Augen pero en su versión más imperial. En las casas plebeyas se hacían con nueces o avellanas, frutos secos que cualquiera podía tener ya que los bosques austriacos están repletos de sus árboles. En cambio, la almendra era algo delicado, algo que venía del sur, de Italia o España. Y la crema de limón otro toque exótico que no estaba al alcance de cualquiera.

En cualquier caso, y en medio del caos, las traiciones y del imperio que se desmoronaba, las costumbres de Viena seguían apareciendo en la corte. Un lujo pequeño y obstinado. Como ella.

Cuatro mujeres y un elefante

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Ingredientes:
  • 150gr. de harina de espelta
  • 100gr. de almendra pelada y molida
  • 50gr. de maicena
  • 200gr. de mantequilla en pomada
  • 60-80gr. de azúcar o eritritol 
  • 2 yemas
  • una pizca de sal
  • vainilla
  • Una pizca de crémor tártaro
  • Relleno: crema inglesa de limón (lemon curd) mezclado con algo de chocolate blanco derretido (para darle consistencia al relleno)
  • Azúcar glas para espolvorear
Preparación:
  • En un bol, mezcla juntos todos los ingredientes hasta que tengas unas migas gruesas. Puedes hacer esta operación usando un procesador de alimentos o unas varillas eléctricas.
  • Pon las migas sobre la encimera y amasa hasta que tengas una masa lisa y homogénea. La envuelves en film transparente de cocina y deja reposar unos 20 minutos.
  • Precalienta el horno a 170-180ºC dependiendo del horno.
  • Enharina ligeramente la encimera y extiende la masa hasta dejarla de un grosor de 0,5 cm. Para no enharinar por encima la masa y para que no se pegue el rodillo, uso una lámina de film transparente. Se extiende muy bien y no se reseca tanto la masa. Cortas las galletas con un cortador redondo. A la mitad de las galletas les haces el característico agujero en medio.
  • Las vas poniendo en la placa y horneas unos 15-20 minutos hasta que empiecen ligeramente a dorarse. Deja que enfríen por completo.
  • Espolvorea con azúcar glas las galletas con el agujero. Rellena la otra mitad con la crema de limón. Antes de guardarlas en una caja adecuada (las metálicas son las mejores) deja que sequen a temperatura ambiente por lo menos un par de horas. Airea de vez en cuando para que no se mojen en exceso.

Pastel de Cierva murciano

marzo 29, 2026
Pastel de Cierva murciano
Continuamos con nuestro viaje, el que hemos iniciado aquí y aquí. Nos hemos quedado en Viena y prometo que vamos a regresar allí pero antes vamos a  desviarnos un poco de los pasos de Salomón para centrarnos en los de Aníbal. No vamos a relatar sus  batalleos y mamporros con el Escipión -al que llamaron el Africanus-porque esa es otra historia de sangre, muerte y traición que no voy a abordar porque bastante tenemos con lo que ahora mismo está pasando en nuestro mundo. 

No, hoy volvemos a la península Ibérica para contar la historia de nuestra segunda olvidada por la historia. Se trata de una princesa íbera nacida en Cástulo (Linares en Jaén). Aníbal Barca preparaba la conquista de Roma en Cartagena Nova pero necesitaba el apoyo de las tribus locales para no verse con el paso cerrado si la cosa se ponía fea. 

Aníbal e Imilce se casaron en la primavera del 220 a.C. en el templo de la diosa Tanit en Qart Hadasht, en Cartagena Nova. Allí vivieron juntos y allí alumbró a su único hijo. Apenas tenía un año su bebé cuando abandonó la ciudad de camino a Cartago. Las mujeres nobles sabían muy bien cuál era su destino en la vida; ser fieles a las alianzas, alumbrar muchos hijos y servir de rehenes -perdón, de esposas- en los acuerdos militares o políticos. 

Pero Imilce era de otra pasta. Puede que estuviera requete enamorada de su esposo, lo que no sería de extrañar porque era listo, apuesto y poderoso. Tenía el don de meterse a la gente en el bolsillo algo que fue una bendición y una maldición en su vida. Pero es lo que tiene ser un general famoso en aquellos tiempos de guerrear todo el tiempo.

Ánibal pudo despedirles en la propia Cartagena pero no, los acompañó hasta Cádiz,  el último rincón peninsular y cuentan que ella no dejó de pugnar, con todo su genio y fervor, para que su marido la permitiera acompañarle en su expedición hacia Roma. Ya en Cádiz, durante la visita al santuario de Melkart, el Hércules Gaditano, seguramente para pedirle protección para Imilce y el bebé, ella le increpó:
 "¿A mí me impides acompañarte, olvidado de que mi vida depende de la tuya?"
Madre e hijo embarcaron hacia Cartago y el general puso rumbo a Cartagena Nova desde donde partió hacia el norte, abriéndose paso a golpetazo limpio por los Pirineos y los Alpes con sus imponentes elefantes -los 37 pioneros que cruzaron los Alpes siglos antes del viaje de Salomón- y contra todo pronóstico llegó hasta las puertas de Roma que, por lo que sea, no se le antojó tomar y la bordeó pasando de largo. Pero este es un melón que hoy no nos interesa. Seguimos los pasos de Imilce:
Pastel de Cierva murciano
Antes de continuar, contar que su nombre en púnico, Hin-Melkert, significa "la protegida de Melkart", el dios cartaginés. Los romanos latinizaron su nombre añadiendo una h, Himilce y se sacaron de la manga un origen griego del mismo... pero nadie sabemos como la llamaron al nacer, cuál fue su nombre íbero. ¡Manda naranjas! ¿Es posible borrar más a una mujer? Claro, luego hay señores que les indigna que vayamos con el hacha del feminismo en la mano pero a ver, qué quieres, ese hacha no es para castrar queridos amigos, es para liberar y hacer notar nuestras vidas por nuestros propios méritos más allá del hombre que nos posee. No es por vosotros. Es por nosotras. 

Pero sea como fuera, ella cumplió con su deber y se asentó en Cartago rodeada de enemigos: los senadores, que temían la popularidad de su marido entre el pueblo que flipaba en colores con las hazañas y relatos que llegaban de sus batallitas. No es que fuera algo personal contra Aníbal porque lo cierto es que cualquier general demasiado popular era siempre una amenaza para la oligarquía. Lo de siempre y si bien es cierto que tenía la protección de la familia Barca que era bastante influyente, vivió un calvario amenazada siempre por los políticos, intrigantes corruptos y poderosos que les venía de casta conspirar unos contra otros por lo de siempre: caudales y poder. Y así seguimos.

Y así estaba la cosa, sorteando amenazas día sí y día también cuando Hannón el Grande, el mayor enemigo de su esposo, que encabezó la facción pro-romana durante la Segunda Guerra Púnica, y su avaricia le llevó a negar los refuerzos que tanto necesitaba Aníbal tras su aplastante victoria en Cannas, se le ocurrió ofrecer al hijo de Aníbal en sacrificio, el hijo del mismo hombre que estaba haciendo temblar los cimientos en Roma. 

A ver, que Hannón no tenía nada contra Imilce, su odio se nutría de los Barca en general y ese pequeño era el símbolo del poder que quería eliminar. Imilce imploró a los sufetes, imploró por las calles e imploró al Senado, ante el que se plantó y encaró de esta guisa:
"¿acaso no deberíais haber lamentado aún más las derrotas si el ritual os hubiera arrebatado el valor de mi esposo?"  
Y mientras rugía esta injusticia por la ciudad, envió un mensajero a su marido contándole el peligro en que se encontraba el niño. Aníbal se las ingenió para detener la conspiración ofreciendo a cambio al dios Baal, el sacrificio de 1.000 prisioneros romanos. 

Y funcionó. Pero la supervivencia de su hijo costó la vida de un millar de personas. Cuánta carga moral sobre su conciencia a cambio de poder seguir abrazando a su único hijo. 

Supo que no tenía muchas salidas pero estaba claro que en Cartago ya no estaban a salvo. No tenía donde regresar porque su ciudad natal, Cástulo había traicionado también a su esposo y a ella misma. La ciudad se había sometido del lado romano y aún así regresó tragándose su orgullo y su rabia. 

Pero de poco le valió. Una epidemia de peste se llevó poco después a la madre y al hijo. Murieron solos en Cástulo sin que nadie contara su historia mientras el hombre que aterrorizó a todo un imperio, fue traicionado sucesivamente por Cartago, por su propio senado, por todos. Aníbal pasó los siguientes años huyendo por Oriente Próximo con las tropas romanas pisándole los talones: Siria, Creta, Armenia; la última parada fue la corte de Bitinia, donde el rey Prusias le traicionó también.

Ya ves, desde que se despidieron en Cádiz, nunca más se volvieron a ver. Él murió envenenado antes de caer en manos de Roma. Ella ya llevaba años enterrada en Cástulo. Y la historia le recordó a él por sus propios méritos pero una vez más,  sin molestarse en contar la fuerza de ella, como mujer, madre y compañera.
Pastel de Cierva murciano
Y esta historia de amor, tan marcada por el desencuentro, tiene que centrarse obligatoriamente en Cartagena Nova, el lugar donde los esposos fueron por encima de todo una familia. ¿Ella le reprocharía al general que entrara en la casa con las sandalias sucias o que dejara la espada tirada por cualquier lugar? ¿Dormirían juntos haciendo la cucharita abrazando el vientre de la madre? ¿Qué sintió él cuando conoció a su hijo? Todo esto está oculto o enterrado en la ciudad porque lo cierto es que no hay ningún monumento o placa que hable de ellos. En Baeza, en la fuente de los Leones, se ha conservado la estatua mortuoria de Imilce por lo que se cree que ese fue el lugar donde murió pero vete tú a saber.

No, esto es justicia culinaria. Había que hacerles un homenaje y aquí lo traigo con este pastel de Cierva que aunque se le puso el nombre en homenaje al famoso inventor del autogiro, lo cierto es que para conocer su historia tenemos que retroceder hasta la cocina andalusí porque, pese a las leyendas que se cuentan -la del cocinero ruso y las cocineras alemanas- este pastel tiene mucha más profundidad en el tiempo y lo que he descubierto te va a sorprender.

No voy a perder mucho tiempo en desmontar las leyendas porque se caen por sí mismas: ni en la cocina rusa ni en la alemana existe tradición alguna de masa dulce con relleno salado. Eso es firma andalusí, no centroeuropea. En cambio, mucho más cerca, tenemos la pastela moruna, que desciende de la misma cocina andalusí. Y no es casualidad que tenga una versión granadina tan arraigada — ambas descienden del mismo árbol. Creo que es evidente que el plato viajó de la península a Marruecos con los expulsados de 1492, no al revés.

Pero aún hay más: con ayuda de Claude, he sabido de una conexión maravillosa de esta receta con, no te lo vas a creer, las primeras comunidades sefardíes en Viena que llegaron tras el Tratado de Passarowitz en 1718, firmado entre el Imperio Otomano y Austria, que otorgó a los sefardíes libertad de movimiento y comercio. No te lo voy a hacer largo pero mira si estaban a gusto que llegaron a financiar parte del palacio de Schönbrunn.

Y lo mejor de todo; está recogido en referencias sobre la cocina sefardí un pastel murciano -no ruso ni alemán-, repito, murciano de carne con su masa dulce y su relleno salado, herencia directa de la cocina andalusí compartida entre judíos y árabes durante siglos.

No he podido acceder a la receta pero aquí lo dejo, tiro un guante por si alguien pudiera investigarlo con éxito. Sería muy interesante saber como ha evolucionado este pastel viajero, desarraigado y olvidado como los protagonistas de nuestro viaje. 

Así que regresamos a Viena. El viaje continúa.

Cuatro mujeres y un elefante

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Pastel de Cierva murciano
Notas:
  • Me he tomado la licencia de hacer mis adaptaciones personales. Lo primero que he hecho, ha sido quitarle manteca y azúcar. Me duele la salud solo de imaginarlo. El sabor sigue siendo maravilloso.
  • Otro factor, es estético; me he salido un poco del formato popular, adornándolo con una flor y con ese tipo de pliegue. Que me perdonen los ortodoxos.
  • Y por último, comentar que he rescatado especias que desgraciadamente en España hemos ido dejando de usar. El azafrán, el comino o la pimienta son especias muy murcianas que a mi gusto, han enriquecido el pastel un montonazo.
  • Puede que chirríe un poco ese pastrami pero tengo una grulla que no come jamón. De nuevo, perdón a los ortodoxos.
  • Mi fuente, como no, mi querida Catina. La receta original, la tienes aquí.

Para la masa:
  • 500gr. harina (espelta o trigo)
  • 125gr. manteca
  • 125gr. yogur griego
  • 60gr. miel (hasta 100gr. si se quiere más dulce)
  • 3 yemas
  • 1 vasito de vino blanco
  • 1 pizca de sal
  • ½ cdta. de canela

Para el relleno:
  • 3 pechugas (o ½ kg de pollo sin piel y deshuesado) cocido y deshilachado
  • 3 huevos duros
  • 1 cebolla muy muy picada
  • 1 cda. de harina
  • 2-3 hebras de azafrán
  • 1 cda. rasa de comino en polvo
  • Pimienta negra al gusto
  • Sal
  • 1 vasito de vino blanco
  • Algo de caldo del pollo si quedara seco
  • Algo de aceite para sofreír
  • Opcional: pastrami o jamón serrano

Preparación:
  1. Amasa juntos todos los ingredientes de la masa. Haz una bola y deja que repose una hora a temperatura ambiente.
  2. Cocemos el pollo y los huevos.
  3. Salteamos en la sartén la cebolla muy picada con un poquito de aceite y dejamos que poche. Añadimos las especias, la harina y seguimos rehogando para que se cocinen un poquito. Agregamos el vino blanco y removemos para ligar bien esta salsa.
  4. Añadimos el pollo desmigado, el jamón los cocemos un poco para que el pollo coja sabor. Si ves que las pechugas sobre todo, absorben mucho el líquido, puedes echar un poco de caldo de la cocción. A fuego medio alto, rehoga hasta que quede todo seco de caldo. Deja que temple.
  5. Precalienta el horno a 180-200ºC dependiendo del horno.
  6. Mientras, forramos con la mitad de la masa un molde redondo de unos 20-22cm. que antes habremos engrasado. Ponemos el relleno y cubrimos con el huevo duro troceado. Estiramos la otra mitad, tapamos el pastel y sellamos los bordes. Lo podemos decorar con los restos de masa a tu gusto. Pincela con un poco de huevo diluido en una cucharada de agua.
  7. Lo horneas en la parte media del horno hasta que veas que coge un bonito color dorado. Lo normal es que necesites entre 40-45min. Si ves que coge color muy rápido, baja el horno de temperatura. Sirve frío o templado.Pastel de Cierva murciano-Paso a paso

Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga

marzo 27, 2026
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
azabache
Del ár. hisp. azzabáǧ, este del ár. clás. sabaǧ, y este del pelvi šabag.
m. Variedad de lignito, dura, compacta, de color negro y susceptible de pulimento, que se emplea como adorno en collares, pendientes, etc., y para hacer esculturas.
m. Pájaro de unos ocho centímetros de largo, con el lomo de color ceniciento oscuro, el vientre blanco y la cabeza y las alas negras.
m. pl. Conjunto de dijes de azabache.
adj. Dicho de un color: Negro intenso y brillante semejante al del azabache. U. t. c. s. m.
adj. De color azabache.
Palabra bonita a rabiar que se me antoja como la mejor compañera de viaje para esta crema naranja salpicada de lentejas azabache con ese negro intenso, brillante y profundo tan característico de las beluga. ¿No es un contraste hermoso? además, ahora que hablamos de viajes y viajeros,  es una piedra semipreciosa -o así la llaman como si su belleza estuviera marcada por su valor de mercado- que para muchos peregrinos del Camino de Santiago ha sido símbolo de protección usándola  a modo de talismán en el deseo -o esperanza- de no sufrir tropiezos ni desdichas en su viaje de regreso a casa.

Pero nosotros aún no regresamos a "casa". Tenemos más camino por delante. ¿Recuerdas que con esta otra crema te advertí que íbamos a estar viajando por la historia? Pues seguimos nuestro personal peregrinaje que iniciamos en Bombay, para luego viajar a Inglaterra y de nuevo regresar a Bombay con el Mulligatawny de Rukhmabai.

Nuestro nuevo compañero de viaje se llamaba Salomón, un hermoso elefante asiático que regalaron a un rey portugués hace ya unos cuantos siglos y que tras años languideciendo en la corte, olvidado por todos menos por su cuidador, tuvo que emprender el camino a Viena, su nuevo hogar porque aprovechando que se casaba su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, el monarca se lo regaló de buena gana ya que se contaba que se le iban los demonios a su majestad cada vez que le contaban cuánto costaba alimentar al animal.

Así que Salomón, acompañado siempre por Subhro -su cornaca hindú y única familia que el elefante había conocido- emprendieron la marcha al noreste en dirección a los Alpes, esos gigantes que se interponían en su camino a Viena,  gesta que ya en su tiempo culminó Aníbal con sus 37 elefantes africanos cruzando los Alpes camino de Roma y se cuenta que al igual que Salomón, consiguieron cruzar los Alpes con dignidad y fortaleza, la cual se vio mermada posteriormente por culpa del frío y de las enfermedades.
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Pero sigamos acompañando a Salomón y a Subhro en esta odisea que Saramago relata, como siempre, con maestría evidenciando con sus serenas e inocentes palabras, el despotismo de los poderosos, caprichosos siempre y crueles por ende en su afán de ignorar o explotar a sus súbditos sin desplegar ni una pizca de compasión. 

¿Os imagináis lo que costaba alimentar a Salomón durante el viaje? En cada aldea y pueblo donde se detenían, sus habitantes ya exhaustos de por sí, debían desprenderse de sus provisiones para alimentar al paquidermo en su travesía. En Padua, por ejemplo, el clero pensó que la fiera atraería a muchos fieles así que obligaron a Subhro, el pobre cuidador que nada entendía de esta gente tan veleidosa, a que forzara al gigante a arrodillarse en la Basílica de San Antonio. 

Mientras los curiosos veían a una bestia exótica doblegándose ante dios, solo el cuidador sabía que ese gesto obedecía al cansancio y el hambre del animal, que no dudó en hacer lo que se pedía por un bocado. Y es que así es como siempre los poderosos se salen con la suya: ignorando al necesitado, al desarraigado y al humilde para reafirmar su poder y su autoridad.

Pobre Salomón y pobre Subhro. En Viena le cambiaron el nombre a Solimán, por aquello de estar siempre el Turco acechando y el pobre animal, terminó muriendo de lo mismo que los de Aníbal, de frío y enfermedades contraídas durante el viaje. 

Y sin nadie a quien cuidar, el cornaca cayó en el olvido. Durante un tiempo permaneció en la corte pasando desapercibido para todos hasta que un día el Emperador, o alguien a su servicio, lo despachó regalándole una mula y unas monedas. Nadie sabe qué fue de él. Imagino que quedó atrapado entre dos mundos; entre el desarraigo de sus raíces que quedaban ya tan lejanas y olvidadas; y entre el otro desarraigo, el de quien nunca encajó ni decidió por sí mismo estar donde estaba algo que solo su compañero sabía compensarle haciéndole la vida más digna. Más hermosa. Así que solo y sin rumbo, se le perdió la pista. 

Y así nos lo contó Saramago, entre las dulzuras y los aromas de una bonita historia de amistad entre un elefante y un cornaca, con esa serenidad y ternura de quien ya sabe que se apaga. 

Lo cierto es que sus letras susurran injusticias, las mismas de siempre que avanzan en espiral a lo largo de los siglos; porque a veces la única manera de decir las cosas sin que la gente se cierre en banda es envolverlas en una historia hermosa, en una receta, en la definición de una palabra preciosa como azabache. 

Y pensar en ellos, en sus protagonistas, también es una forma de resistir contra la injusticia, las muertes y las miserias a las que los poderosos una y otra vez nos condenan por puro despotismo. Hace siglos, ayer, hoy. Y dentro de una hora.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Aún no puedes saber cómo pero esta historia nos va a llevar a otra, a la de una mujer poderosa y regia que permaneció siempre fiel a su destino y que éste, que a cruel no hay quien le gane, la ha ninguneado reduciendo su existencia a la nada. Ya sabes cómo va: mujeres que solo nos han contado que nacieron, se casaron y tuvieron hijos pero nadie quiso valorar ni sus logros ni sus sacrificios. Como tantas, qué rabia.

Ahora sí: con esta receta, participo en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, teníamos dos ingredientes a elegir: jengibre en polvo y boniato asado. En esta receta, si bien es cierto que el boniato que he usado no es asado, la he adaptado al jengibre en polvo aunque siempre podrás hacerla con el fresco. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis.
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Ingredientes:
  • 100gr. de lentejas beluga cocidas en caldo de verduras, 1 cebolla, 1 diente de ajo y laurel
  • 1 diente de ajo
  • 1 puerro mediano
  • 1/2 cebolla
  • 2-3 zanahorias
  • 200-250gr. de calabaza
  • 200-250gr. de boniato
  • 1 cdta. de comino
  • 1 cdta. de jengibre molido (o fresco rallado)
  • 2 cdas. de concentrado de tomate (o el doble de salsa de tomate)
  • 2 cdas. de mantequilla de cacahuete
  • extracto de caldo de verduras
  • 300ml. de agua
  • 300ml. de leche de coco
  • Para servir: un aliño de aceite de sésamo con zumo y algo de ralladura de lima.

Preparación:
  1. Cuece las lentejas unos 15 minutos y deja que reposen otros 10.Cuélalas y reserva.
  2. Trocea las verduras y en una cazuela con un poco de mantequilla, saltea brevemente.
  3. Incorpora las especias, el concentrado de tomate, la mantequilla de cacahuete y el concentrado de caldo. Agrega agua hasta que cubra.
  4. Después de 15 minutos, añade la leche de coco, rectifica de sal si hiciera falta y deja que repose otros 5 minutos antes de triturar con la batidora eléctrica o la licuadora.
  5. Prepara el aliño a tu gusto con más o menos lima. Puedes servir en vasos poniendo una capa de lentejas en la base, añadiendo la crema y decorando con un poco de leche de coco batida y un chorrito del aliño por encima.

Mulligatawny, por fin con todas sus lentejas

marzo 25, 2026
Mulligatawny original

Querido lector, tú aún no lo sabes pero hemos iniciado un viaje en el tiempo. Viajaremos al pasado pero no en línea recta porque al fin y al cabo los humanos conectamos el pasado y el futuro en espiral. Quién sabe, lo mismo vivimos en mundos paralelos y todo está ocurriendo ahora. Hablar de esto no nos llevará nada más que a fantasear pero yo tengo un plan. De momento oculto pero para nada secreto. 

Voy a intentar que conectes con cosas e intentaré ser fiel a cómo he llegado a mezclar tantas historias y sabores... o no, porque lo mismo todo es más parecido de lo que aparenta: legumbres de colores que cumplen su misión, jengibres en polvo o frescos que nos transportan por el mundo y aunque hablaré de personajes errantes, luego de puro sin querer, echaremos raíces en algún caso y en otros el desarraigo hará heridas. 

Pero debes ser paciente y disfrutar del viaje. Éste empieza aquí:

Rukhmabai nació en una familia marathi. A penas conoció a su padre. Tenía dos años cuando él murió. Algún tiempo después, su madre volvió a contraer matrimonio y lo hizo con Sakharam Arjun, un eminente médico y activista social de Bombay. Fue bajo su influencia, cuando la niña se animó a estudiar y alimentó sus ideales progresistas en un tiempo -estamos a finales del SXIX- donde la incultura y las costumbres retrogradas seguían firmes en el día a día por todo el país. La colonización inglesa no vino a traer humanidades ni desarrollo cultural. En fin, que ya sabemos de que pie cojean los imperialismos y ellos fueron a lo que fueron: a lo suyo.

Así que, siguiendo las costumbres locales, el abuelo materno de Rukhmabai arregló su matrimonio con Dadaji, un muchacho de 19 años no muy centrado pero lo más terrible -aunque fuera muy común- es que ella tan solo tenía 11 años.  Sakharam se negó a que ese matrimonio se consumara evitando a toda costa que su hijastra cohabitara con el esposo.

Y éste, como tantos, salió bala perdida: Dadaji resultó ser un borracho, calavera y libertino, que por el motivo que sea -parecía que tenía endeudadas hasta las suelas de sus zapatos- se emperró en que su esposa debía vivir con él y ante la negativa, el tipo llevó a Rukhmabai a los tribunales a santo de "restitución de derechos conyugales" o algo por el estilo. Menuda necedad.

Mulligatawny original

Y mientras el juicio seguía su curso, Rukhmabai comenzó a escribir para el Times of India bajo el seudónimo de A Hindu Lady, abogando por sus derechos y por la necesidad urgente de reformar una sociedad que no solo ninguneaba a las mujeres sino que las trataba peor que a las ratas. 

Y así las cosas, en 1887, el juez lanzó un órdago a Rukhmabai: o te vas a casa con tu esposo o seis meses a la cárcel. Y con un par de moños y el Sari bien puesto dijo que si había que ir a prisión pues se iba. Entiende que eran cárceles del SXIX y encima de mujeres. La de cosas terribles que debían pasar ahí dentro pero  Rukhmabai tiró para adelante, la lió parda y no contenta con el follón que se montó, apeló a la Queen -era la Victoria- , quien anuló el juicio y disolvió el matrimonio. Otra con más moño que corona.

Y ¿Colorín colorado, este cuento se ha acabado? Ni de refilón. Fue la primera mujer hindú en obtener legalmente el divorcio en la India, y luchó con garra por mejorar las leyes respecto a las niñas, mujeres y viudas que muchas eran -y aún se siguen escuchando cosillas- quemadas vivas porque muerto el marido, eran una carga para la familia. 

Rukhmabai estudió medicina y lo hizo en Inglaterra gracias a la Dra. Edith Pechey que recaudó fondos para que se produjera el milagro. Y vaya sí se hizo. Nuestra divorciada número uno regresó a su país a hacer lo que mejor sabía hacer: ayudar a las mujeres para darles derechos y atender su salud como se merecían; cuerpo y alma trabajando en la misma dirección. El mundo necesita muchas pero muchas más Rukhmabai porque solo ellas nos pueden salvar de este desastre.

Y bueno, aquí estamos; hace años publiqué un mulligatawny de urgencia, con escarlatina de por medio y sin lentejas. Cosas de la vida que me pasaban antes. Hoy, con Rukhmabai de protagonista, le doy su forma más auténtica porque es en sí mismo un plato que relata dos historias: una sopa densa y cremosa, casi un dal que nació en el sur de India y su nombre viene del tamil, milagu tannir (agua de pimienta) y era un guiso de lentejas especiado que los cocineros indios adaptaron para los paladares británicos. El triturado es su forma más auténtica.

Así que ya ves; aquel Mulligatawny que cociné con escarlatina, no era ni Mulli, ni gataw ni ny, fue una mutación sin lentejas de lo que ya venía rodando por los blogs anglosajones que no es por criticar pero ya sabemos lo que les pasa a muchas recetas "étnicas" que pasan por el filtro norteamericano: se estandarizan, se tunean al gusto local y se fotografían todas igual. Muy monas, sí pero bastante alejadas del original.

Y hoy me veo en la necesidad de hacer justicia y recordar al mundo que no es oro todo lo que reluce ni azabache solo el carbón porque los algoritmos premian la estética y en ese afán por buscar la viralidad acabamos creando burbujas donde todas las recetas de un mismo plato se parecen entre sí. Y éste es el enemigo más amargo de la cocina con historia. 

En la próxima entrada, continuaremos viajando; coge solo lo que puedas cargar que el viaje es largo. Y come algo, anda.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Ingredientes:
  • 1 cda. de mantequilla (si es clarificada mejor)
  • 1 cebolla o cebolleta grande
  • 3 dientes de ajo
  • 2-3 zanahorias 
  • 2 cdtas. de curry de madrás
  • 1 trocito de jengibre fresco 
  • 1/2 cda. de cúrcuma
  • 1 cdta. de comino en polvo
  • pimienta negra a tu gusto
  • 900-1.000ml. caldo de verduras
  • 200gr. lentejas rojas
  • 200ml. de leche de coco
  • 1 manzana 
  • zumo de limón a tu gusto
  • opcional: 1 cda. de mantequilla de cacahuete

Preparación:
  1. En una cazuela grande, sofríe la cebolla picada y los ajos con la mantequilla a fuego medio para que poche pero no se dore. Añade el jengibre y rehoga un par de minutos más.
  2. Baja el fuego y añade el  curry, la cúrcuma, el comino y la pimienta negra. Remueve durante 1 minuto para que las especias se tuesten sin quemarse. 
  3. Incorpora las zanahorias cortadas en rodajas y las lentejas rojas que habrás lavado previamente. Remueve bien para que todo se impregne de las especias.
  4. Añade el caldo, deja que rompa a hervir y cuece a fuego suave unos 10 minutos. Añade entonces la manzana cortada en trocitos y vuelve a dejar que se cocine otros 5 minutos.
  5. Incorpora la mantequilla de cacahuete y un poquito de la leche de coco. Lo integras bien y deja que repose (ya sin fuego) otros 5 minutos más.
  6. Tritura la sopa con una batidora de mano o licuadora según te venga mejor. Incorpora la leche de coco y el zumo de limón. Si queda muy espesa, añade un poco más de leche de coco.


Patatas a la Catina

marzo 22, 2026
Patatas a la Catina con crema de puerros
La primera vez que visité Cartagena yo era jovencísima y los recuerdos como que se nublan pero recuerdo por supuesto al submarino de Isaac Peral que me resultó más pequeño de lo que yo me esperaba y también que hicimos cola en una pastelería para comprar pastel de cierva y cuernos de merengue. En un momento dado -no recuerdo el orden exacto de los acontecimientos- entramos a tomar una tapilla en un bar. Recuerdo ese fresquito al entrar y el olor a marisco mezclado con caña de barril. Las servilletas -muchas- en el suelo y mi coca-cola acompañada de una marinera con extra de anchoa porque ya no recuerdo a quien no le gustaban.

El caso es que ahí estaba yo tan feliz cuando noto que alguien, desde la barra me salpica agua. Miro con ojos de pocos amigos y veo a todo el personal a lo suyo, refrescando el gaznate o masticando a placer. De pronto, el camarero me mira; yo le miro. No pasa nada y sigue a lo suyo. Segundos después, me vuelven a mojar y ahora sí que sí miro directamente al camarero el cual me miró de nuevo. Mi actitud no era amable, supongo que fruncí el ceño y arrugué el morro porque se dio cuenta de que yo no estaba de buenas chispas.

Cambio de postura y me acerco más a la barra. Y ahí es cuando un escupitajo enorme de agua se estampa en toda mi cara. No te lo pierdas: el guasón no era el camarero sino unas almejas que estaban las pobres en remojo en espera de ser despachadas en cualquier momento. 

Hoy siento angustia por aquellas pobres que fijo que no duraron ni un telediario pero en aquel momento el ataque de risa mezclado de una vergüenza infernal se apoderó de mí. Claro, el camarero que en ese momento le cuadró todo empieza a descorcharse y yo ya no sabía ni dónde meterme. Yo tenía 14 ó 15, son edades donde aún no hemos superado el pavo y el mal rato que pasé aún lo recuerdo. 
Patatas a la Catina con crema de puerros
Años después, vi de nuevo al submarino en la Expo de Sevilla y otros tantos después regresé en más de una ocasión porque mi novio de entonces tenía una casita en San Pedro del Pinatar y nos chiflaba ir a Cartagena a pasar la tarde. 

Y ésta ha sido toda mi conexión cartagenera hasta que conocí a Catina. Nos empezamos a codear hace varios años cuando le hice el blog y desde entonces la amistad ha estado ahí flotando por la blogosfera hasta que estas navidades, por fin, nos hemos conocido. Qué bonito y qué bien lo pasamos. Corto, muy corto pero cuando vuelva si tengo oportunidad me voy a verla a Cartagena para hacer eso que tanto me gustaba, echar la tarde por sus calles y encima en tan buena compañía; qué lujazo es ser tu amiga, querida.
Patatas a la Catina con crema de puerros
Y un mes más, es domingo de reto con Elvira y Estela de Homenajeblog y como ya te habrás imaginado este mes homenajeamos La cocina de Catina; cómo no iba a aprovechar este homenaje para contar este día tan bonito y feliz que pasamos ambas familias juntas. Día fresco y lluvioso pero cálido y alegre. Un gustazo.

Y de entre las muchísimas recetas tan estupendas que tiene en su blog, me decidí por estas patatas con crema de puerros y queso fresco que yo he rebautizado como las patatas a la Catina y que están riquísimas. Ella hace el relleno más cremoso que yo porque en casa nos gustan las texturas y me he tomado la libertad de añadir un poco de vinillo. Así que aquí te dejo mi versión a la Catina sin olvidar que la original la tienes en su cocina.

Prometo que para disfrutar de estas patatas no hace falta que ninguna almeja os escupa a la cara, basta con tener ganas de un bocado reconfortante y lleno de sabor. Gracias, Catina, por inspirarme y por ser esa amiga que la blogosfera me regaló.
Patatas a la Catina con crema de puerros
Ingredientes para 4 ó 5:
  • 6-8 patatas dependiendo del tamaño
  • 2 puerros
  • 1 cebolla pequeña
  • un poquito de aceite de oliva
  • 30gr. de mantequilla
  • 1 vasito de vino
  • 150gr. de queso para untar
  • 200ml. de nata líquida
  • 2 huevos
  • Queso rallado tipo mozzarella, manchego, gouda o cheddar a tu gusto
  • Nuez moscada
  • Sal y pimienta

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180-200ºC (depende del horno) y asa las patatas lavadas. Puedes taparlas con un poquito de papel de aluminio para que no pierdan humedad. 
  2. Mientras, corta la cebolla y el puerro en trocitos muy menudos y los salteas a fuego medio con un poquito de aceite y mantequilla. Le añades el vino y deja que poche a fuego lento. Añade el queso crema, salpimienta ligeramente y reserva.
  3. Cuando estén tiernas las patatas, pártelas por la mitad y, con una cucharita, ve vaciándolas. Machaca con un tenedor la patata y mézclala con la nata líquida. Si ves que te queda muy seco el puré (depende del tipo de patata) no dudes en añadir un poco más de nata. Reserva.
  4. Monta las claras a punto de nieve y las añades a la mezcla de puerros así como las yemas, el puré de patata y un puñadito de queso rallado. Salpimienta a gusto y añade nuez moscada. Con esta masa rellena las patatas y terminas con un poco de queso por encima.
  5. Vuelve a meter las patatas al horno y deja que gratinen hasta que cojan un bonito color.

Huevos tontos con pan integral

marzo 19, 2026
Hay un señor en Canadá que se llama Darren Gingras y dice cosas como ésta:
Nos encanta creer que somos "buena gente" porque somos amables con los extraños. Pero la verdadera prueba de carácter no es cómo tratas al camarero o al repartidor. Es cómo le hablas a la gente que vive contigo. Los extraños no llevan tu historia. Los extraños no activan tus heridas. Los extraños no reflejan las partes de ti con las que todavía no has lidiado. Tu cónyuge sí. Tus hijos también. Tu casa lo hace. Si solo puedes ser amable cuando no te cuesta nada, eso no es bondad. Eso es gestionar tu imagen. La bondad en público construye una persona. La bondad en casa construye un matrimonio. Los matrimonios no se desmoronan de una gran explosión. Se erosionan por la ausencia diaria de decencia básica. Tono. Paciencia. Ternura. Respeto. Ser amable en todas partes excepto en casa no es bondad. Y la gente más cercana a ti siente la diferencia.
Este caballero tiene una organización que ayuda a la gente a divorciarse de buenas maneras, sin abogados enfrentados y sin que un juez decida sobre la familia. De buen rollo. Ayudan con los asuntos económicos y emocionales buscando paridad y neutralidad entre ambas partes. Gestionan con la pareja y resuelven su nivel de conflicto al menos para que puedan entenderse. Cuando hay críos de por medio la cosa va un poco más allá y, además del tema financiero y de cuidar la salud mental de la pareja, guía a los padres en lo que debe ser su coparentalidad: logística diaria, minimizar el impacto emocional de un divorcio en los niños, separación de roles, etc. 
Me hace gracia haber dado con este tipo porque llevo unos días dando muchas vueltas a este tema; en concreto, a lo indefensos que quedan los niños cuando los padres terminan tarifando. Muy pocos padres trabajan con un especialista ese cambio de rol, donde de pareja frustrada y desencantada tienen que abordar la crianza de los hijos como si de una relación profesional se tratara trabajando, juntos pero no revueltos, en el proyecto "hijos felices a pesar de todo". 

Claro que no es fácil. Cuando yo me separé no existía nada de eso, se llevaba mucho lo de destrozarse mutuamente aunque te llevaras a los críos por delante. A mí la jueza me reprochó que no le hubiera puesto un contencioso antes. Decía que si no lo hice y mi familia se hacía cargo de mí, pues que a qué venía reclamar nada (yo reclamé atrasos en la manutención). Cuando alegué que estaba dando tiempo a calmar los ánimos en la esperanza de poder divorciarnos de mutuo acuerdo casi se echa a reír. No lo entendí entonces ni lo entiendo ahora. Pero esta es otra historia, de esas para no dormir.
La cosa es, por lo que sea, que he estado dándole vueltas a la necesidad, digo, obligatoriedad de dos asuntos imprescindibles: uno, que antes de llegar a un juez en un contencioso, habría que pasar siempre, pero digo siempre por un terapeuta que trabaje primero el conflicto emocional. Obligatorio este paso, ¿no crees? Luego ya se verá como nos repartimos las ovejas pero en calma y con cabeza porque desde una trinchera solo se oyen tiros, no hay más. 

El segundo asunto es que antes de la desilusión, cuando una pareja se quiere tanto -o no- como para decidir ser padres habría que hacer antes un cursillo de responsabilidad parental porque es muy tremendo que sigo escuchando separaciones que usan a los hijos como armas de destrucción masiva. Por despecho o decepción o lo que le toque a cada uno vivir, hay padres-madres que tiran de denuncias falsas, de evitar o entorpecer visitas,  de cortar flujo económico, de llevarse a los críos al fin del mundo o de pedir pasta, o más pasta, o... o lo que sea con tal de arruinar la vida del ex sin asumir la responsabilidad que esa pareja asumió cuando decidió traer a esas criaturas al mundo.

Es inaceptable el dolor que unos padres despechados pueden hacer sobre sus hijos; metiéndolos de por medio y manipulando sus sentimientos contra el progenitor enemigo. Qué canallas podemos llegar a ser.
Todos lo hemos hecho hasta cierto punto, pero las mentiras por omisión siguen siendo mentiras. La verdad parcial es manipulación vestida como honestidad. No puedes construir confianza en lo que alguien no dijo.
Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 100ml. de leche
  • sal y pimienta
  • 6 rebanadas de pan de molde integral
  • 1 lata de atún (unos 100gr.)
  • 3cdas. de pesto rosso (o 4cdas. de salsa de tomate y un par de ajos)
  • Abundante aceite para freír

Preparación:
  1. Bate los huevos en un bol, les añades la leche y salpimientas un poquito.
  2. Corta las rebanadas de pan en trocitos y lo integras al bol junto con el atún y el pesto. Deja que repose un poco antes de formar las albondiguillas.
  3. Fríe en abundante aceite a fuego medio alto. Ponlas encima de papel absorbente de cocina para quitarles el exceso de aceite.

Sopa mexicana de pollo

marzo 10, 2026
manipular
Del b. lat. manipulare.
tr. Operar con las manos o con cualquier instrumento.
tr. Trabajar demasiado algo, sobarlo, manosearlo.
tr. Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.
tr. coloq. Manejar alguien los negocios a su modo, o mezclarse en los ajenos.
Esta es una palabreja que todos absolutamente todos conocemos de maravilla. De hecho, es lo primero que hacemos al nacer. No vemos ni un pijo pero nuestro instinto nos lleva a mirar a nuestra madre con ojos de animalito de peluche y todas las mamis sin excepción caemos -y con mucho gusto- en la trampa y no podemos evitar sentir es vínculo tan especial al pensar "mira que bien sabe quién soy". Lo hacemos para que no nos abandonen y nos termine comiendo un león. Así de fácil.

Y a la que crecemos, no dejamos de ir fortaleciendo ese vínculo amoroso con nuestros progenitores por razones obvias: los necesitamos para sobrevivir y si hay que manipular, pues se manipula y punto. Es un rollo darwiniano, no es mala chufa. Luego nos hacemos adultos, nos sentimos requete fuertotes e invencibles -o no- y nos olvidamos por completo de todo lo que tuvimos que hacer para lograr que nuestros padres nos quisieran a rabiar. 

O tampoco porque hay padres ausentes, despegados, dictatoriales... cosas que siempre se han visto como normales y nunca nos hemos parado a pensar que esas cosas pasan factura. 

Y sí, pasan factura y hasta embargos. Hay dos perfiles de "pareja" tóxica a mi modo de ver. No a nivel psicópata sino a nivel gente corriente. Una es la pareja castigadora con complejo de superioridad moral: te castigan por cualquier pleito hasta que te hacen sentir culpable, sentimiento que el cableado del recuerdo te conecta con esas veces que los papás se enfadaban contigo porque habías hecho algo malo y de puro sin querer, vas a terminar pidiendo perdón por algo que no sabes que has hecho. 
Y como no sabes que es, tampoco detectas lo que tienes que corregir y si intentas dialogar te van a llover puñales hasta de perfil. Si por el contrario, optas por callar y esperar a que pase el chaparrón te van a llover de nuevo los puñales hasta de perfil. E imagina la que te va a caer como vayas de frente.

¿Y por qué? Porque el superior moral cree que sus valores, creencias y éticas varias son forzosamente mejores que los de los demás; porque aprendió con castigos severos, con poco cariño o malos tratos, siente que ha pagado un precio muy grande por ser como es: fuerte, seguro de sí mismo e implacable y si eso le valió a él, lo que tú tienes que hacer es espabilar y seguir su ejemplo. Y si para ayudarte hay que "ponerte las pilas" pues sea. 

Lo que no ve el manipulador superior, es que cualquiera que no piense ni sienta como él, lo considera automáticamente un ser inferior; necesita validación constante, admiración sin fisuras pero ay amigo, él es  incapaz de aprobar los sentimientos ajenos. Hace aguas por el tema empático. Ah, y claro, la culpa nunca es suya. 

Luego está el perfil del victimista crónico. Por los mismos motivos que el superior moral, cree que no tiene control sobre su vida, porque también pasaban cosas en su infancia que le hicieron sentirse en peligro pero que muy posiblemente, por lo que sea, descubrió que para recibir atención -o sobreprotección- la cosa fluye mejor cuando uno sufre o enferma. 

Con el tiempo, aprende a manejar al entorno y cae en la cuenta de lo fácil que es echar balones fuera y culpabilizar de todo a los demás. Y así, pasito a pasito, va construyendo su torre de cristal donde no hay responsabilidad emocional hacia lo ajeno y el concepto empatía solo funciona en modo "mío" porque por más que intente explicarte como se siente tú jamás lo vas a poder entender; y por muchas soluciones que aportes, ninguna vale por lo mismo, porque tú no lo entiendes. 

Y de nuevo el cableado infantil se conecta y sientes que vuelven esos sentimientos donde te la cargabas y no sabías el porqué. Y de nuevo, penitencia emocional ya que estás haciendo sufrir a la persona que más te quiere. Hay que ser canalla. 

Y lo que ambos perfiles tienen en común es la capacidad de manipular a diestro y siniestro afectivamente; el manejo impecable de su superioridad ética y por supuesto, son magos a la hora de bloquear cualquier atisbo de crítica que con un control magistral en cualquier conflicto, saben proyectar en ti o tu falta de sensibilidad o tu inmadurez dependiendo si tu pareja es castigadora o victimista. El caso es que siempre, siempre, te la vas a cargar. 

A menudo me pregunto que clase de pareja soy yo. Y creo que tengo trazas de ambos perfiles. Ay mija, soy de lo peor.
Ingredientes:
  • 2 pechugas de pollo (cocidas con un poco de zanahoria, calabacín y puerro con sazonador Goya o caldo de verduras)
  • unas gotas de aceite de oliva
  • 1 cebolla 
  • 2-3 tomates 
  • 1 jalapeño (versión no picante: pimiento tipo italiano)
  • 2 dientes de ajo
  • 2-3 chiles secos tipo guajillo
  • 1 cdta. de comino en polvo
  • 1 cdta. de orégano
  • 1 cdta de chile en polvo
  •  1 cdta de pimentón (no ahumado)
  • sazonador para sopa (tipo Goya)
  • 1l. aproximadamente del caldo de cocer el pollo
  • laurel
  • 1 lata pequeña de maíz a tu gusto
  • 1 lata de unos 400gr. de fríjoles negros
  • 6-8 tortillas de maíz para hacer totopos
  • abundante aceite para freír las tortillas
  • aguacate, queso fresco y crema agría
  • Cilantro si no te sabe a jabón


Preparación:
  1. Cuece el pollo, desmenúzalo, cuela el caldo y reserva.
  2. En una cacerola, con un poquito de aceite de oliva, marca a groso modo la cebolla, los tomates, el chili o pimiento y los ajos. Añade las especias, rehoga brevemente y cubre con la mitad del caldo de pollo. Tritura con la batidora eléctrica o en la licuadora.
  3. Añade el resto del caldo, el pollo, el laurel, el maíz y los frijoles. Deja que la sopa cueza a fuego medio-bajo unos 10 minutos. Sazona si hiciera falta.
  4. Mientras corta las tortillas en tiras y las fríes en abundante aceite. Deja que absorban el exceso de aceite en papel absorbente de cocina.
  5. Sirve la sopa cubriendo con un puñado de los totopos, aguacate troceado, queso fresco y un poco de crema agría. Si no tienes problemas con el cilantro, sirve con unas hojitas por encima.
 
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