Flan de naranja

marzo 23, 2025
Poco se habla del desorden virtual que las contraseñas dejan en nuestra vida. No creas que me pongo trágica con ésto pero te juro que cada vez que tengo que meter una contraseña porque de repente se borraron las cookies o algo peor, me sale sarampión. 

Yo no sé tú, pero tengo toda una colección de subversiones de una o dos genéricas que con el paso de los años las he tenido que ir añadiendo mayúsculas,  números, símbolos, mínimo ocho letras, máximo doce, que empiece por vocal y que hagan el pino puente. Tal es el guirigay, que luego nunca me acuerdo de cúal es cual y cúal es la última. Y ojo, que las apunto pero imagino que por obra y milagro de la ley de Murphym, nunca es la última y como internet a listillo no le gana nadie, me viene con le recochineo de esa contraseña es antigua, que pruebe con una versiñon más reciente.
Otras veces, cuando se tiran el pisto y parece que te van a hacer un favor dándote opción a usar las claves guardadas por el sistema, resulta que son más obsoletas que Windows95 y te hacen más profundo el roto porque gastastes un intento de los tres que tienes antes de que se bloquee el invento y termines con un "inténtalo más tarde".

A esto se le llama fatiga de contraseñas y no lo digo yo que parece que hay expertos que le han puesto nombre. Por eso, se inventaron otros métodos de verificación mandando sms o correos o pidiendo pines y demás galimatías que añaden más estrés que ayuda a la operación No sin mi contraseña.

Y todo esto ¿Para qué? Pues para que vengan unos hakers y hagan públicas esas contraseñas que tantos esfuerzos te han costado pero que como quieren dejar en evidencia a las grandes coorporaciones, se cuelan sin reparos en tu cyber refajo dejando tus vergüenzas al aire. Y puestos a desnudarte, te suplantan identidad, te hacen chantajes, estafas y demás miserias. 
Un mes más, estamos de domingo en HomenajeBlog y esta vez ha sido el turno de blinky del blog Las recetas de Blinky. En cuento vi esta receta me enamoré perdidamente. Nos ha encantado y ya me están pinchando para que lo vuelva a hacer.


Ingredientes:
  • 10 láminas de gelatina
  • 500ml. de zumo de naranja
  • 400ml. de nata líquida
  • 225gr. de leche condensada
  • caramelo líquido
  • opcional: algo de vainilla

Preparación:

  1. Pon en remojo las láminas gelatina en agua fría, mínimo 10 minutos.
  2. Mientras, pon en un cazo el zumo, la nata y la leche condensada. A fuego medio, espera que rompa a hervir removiendo regularmente.
  3. Mientras, unta el molde (o moldes individuales) con caramelo líquido. 
  4. Al cazo con el líquido, le añades la gelatina escurriendo el agua con la mano. Remueve hasta que quede completamente diluida. Yo lo  hago con la batidora eléctrica.
  5. Rellena los moldes y deja que enfríen en la nevera. Los pequeños en 3 horas están listo. En molde grande, necesitará más tiempo.

Sapillos con sirope

marzo 08, 2025
Querida amiga, hoy no es día de felicitaciones, a no ser que sea tu cumpleaños. Hoy se festeja una lucha que nunca tendrá fin; primero porque tres cuartas parte del mundo sufre maltrato, violencia e injusticias y después, porque en cuanto bajamos la guardia, nos comen el terreno ganado y a nada que nos despistemos, nos vuelven a encerrar entre cuatro paredes para parir como conejas y servir al padre, al hermano o al esposo porque sí, porque a ellos les da la gana.

Hoy no es día para salir a la calle a halagar ninguna formación política. Mujeres somos todas sea cual sea nuestras creencias y raíces, y todas merecemos por derecho respeto e igualdad. No tenemos que estar de acuerdo en casi nada, salvo en esta idea porque a nada que nos relajemos salen a flote esas pandillas de machirulos que nos quieren presas y dóciles. Anuladas e invisibles. 
"Festejar", "celebrar" suena a jolgorio, a fiesta y como dice la RAE "fiesta u otra manifestación de alegría o agrado" y no, amiga, así no se lucha. Hay demasiadas injusticias ahí fuera y mucha lucha por librar sin olvidar nunca que nosotras, las del lado bueno del mundo, las que tenemos voz y comodidades, no podemos dejar de agradecer vivir en una sociedad que nos quiere libres.

El enemigo no es el varón, no son los hombres de nuestro entorno porque tenemos el derecho de mandarlos a freír espárragos si nos salen en plan señoros. No, la lucha está para con las silenciadas y reprimidas. 
Así que nadie venga a felicitarte porque no. Hay cosas por las que no podemos pasar porque hay gente que no se entera ni del nodo y eso tampoco lo podemos dejar pasar porque los canallas están deseando torcernos el renglón y eso tampoco lo podemos permitir. Si nosotras mismas no tenemos las cosas claras, ya me dirás tú que futuro nos espera. 

Hoy es un recuerdo a aquellas camiseras que ardieron sin que nadie atendiera sus reivindicaciones . Los sindicatos las ignoraron porque claro, qué iban a saber ellas de la lucha proletaria. En fin, no sabrían nada de política pero sí sabían que sus condiciones laborales eran infrahumanas. Cuando se quemaron, la ciudad de Nueva York se quedó sin madres, abuelas, hijas hermanas, primas y cuñadas. Y claro, "Ay pobre de nosotros" que no tenemos quien nos cocine, quien cambie los pañales ni quien nos zurza los calcetines. ¿Pobrecitos? ¡Venga hombre! Pobre de ellas que tuvieron una muerte tan cruel y tremenda. ¡Va por vosotras camiseras!
Ingredientes:
  • 150gr. pan viejo
  • 2 huevos
  • 2 cdas. azúcar
  • 100-150ml. leche
  • 50ml. zumo de naranja
  • ralladura de naranja
  • canela
  • aceite para freír
  • sirope de arce

Notas:
  • Como todas las recetas de aprovechamiento, estos sapillos se hacen a ojo de buen cubero así que no seas muy estricto y rectifica las cantidades según veas.
  • Cada pan absorbe líquidos de forma distinta así que tienes que ser flexible. Sé prudente y si ves que la masa se queda dura, añade un chorrito más de leche. Quedarse corto siempre tiene remedio.
  • La consistencia tiene que ser jugosa pero sin que flote líquido.

Preparación:
  1. Desmenuza el pan en un bol.
  2. Mezcla el resto de ingredientes y lo añades al pan. Deja que repose unos 15 minutos. Si ves que queda seca la masa, añade un poco  más de leche.
  3. Coge pegotes de masa con la ayuda de una cuchara y los fríes en aceite abundante a fuego medio alto. Deja que escurran sobre papel absorbente de cocina.
  4. Báñalos con un buen chorro de sirope de arce pero que no encharque porque si no quedarán muy dulces.

Pollo al pimentón o Paprikahuhn o paprikás csirke

febrero 16, 2025
Esta de hoy vuelve a ser una receta con historia que une -o desune, según se mire- a la cocina heredada del Imperio Austrohúngaro. Es una receta muy parecida al gulás de pollo aunque en ambos lados de la frontera se dice que nones, que nada que ver pero créeme que las diferencias son mínimas y puestos a buscar un causante digamos que la cosa depende de la cantidad de crema agría (Sauerrham lo llaman los austriacos y tejföl los húngaros).

El caso es que, del mismo modo que ocurrió con el gulás vienés, cuando el imperio se descuartizó, la burguesía húngara se afanó en ensalzar lo propio para poner distancia de todo lo que oliese a austriaco: sus ropas tradicionales, la lengua y la comida, evidentemente.
Si el gulás de carne era guiso de boyeros o sea, de pastores, el de pollo era lo propio entre los granjeros. Hasta aquí todos contentos salvo que a las clases acomodadas les iba más el regustillo del guiso con crema agría y pimentón porque el gusto al pimiento era muy pero que muy extendido entre el pueblo llano que ya en su día se puso a la gresca con los turcos por aquella manía que les entró de no dejar que los húngaros plantasen pimientos. Y mira, no dieron su brazo a torcer. Lo cierto es que les importó un pimiento.

Pero en los restaurantes finos empezaron a servir el paprikás csirke con mucho éxito aunque el asuntillo del "pero esto es gulás" les acompañaba machaconamente. Hubo un intento -allá por 1938- de ponerle nombre propio para no disputar por bobadas y al jefe de cocina de un famoso hotel de Lillafüred, se ocurrió ponerle el nombre del mundialmente famoso científico y premio Nobel Albert Szent-Györgyi. Total, ya funcionó con el Székely gulyás así qué, ¿por qué no probar de nuevo?
Pues no, no cuajó la cosa. La gente prefirió llamarlo simplemente pollo al pimentón y dejarse de bobadas. Y los austriacos, por su parte, igual aunque aquí no hubo disputa alguna porque aunque se llame como se llame un austriaco va a tender a llamarlo gulash porque les chifla cualquiera de sus variantes que son un montón, por cierto.

Lo he dejado acompañar por unos Spätzle que son uno de los acompañamientos favoritos de mis paisanos y por lo que sea, al Paprikahuhn si lo acompañas de otra cosa se convierte en... ¡eso es! En Gulash de pollo :-)

Segundo domingo del reto Homenajeblog  de este año donde como siempre buscamos el encuentro y la amistad cocinando cosas ricas. Cada mes nos colamos en cocinas ajenas y homenajeamos al anfitrión cocinado alguna de sus recetas. Justo un año después, vuelve a ser el turno de Gloria,  de Comidería y postrería. La vez anterior, me encapriché de estas bambas de nata que eran uno de mis dulces favoritos y en esta ocasión me he lanzado por este pollo al pimentón para homenajear de paso a mis austriaquitos que tengo en casa.


Ingredientes para 3-4 personas:
  • 3-4 pechugas de pollo
  • cebolla muy picada
  • 2 dientes de ajo
  • 1/2 vaso de tomate triturado
  • 2cdas. de concentrado de tomate o salsa
  • 1 cda. de pimentón dulce tipo murciano (sin ahumar)
  • 1 cda. de pimentón picante
  • Sal y pimienta
  • 1/2 vaso de vino blanco
  • 1 vaso de caldo de pollo o verduras
  • opcional: 1 cdta. de maicena para ligar la salsa. Yo no la uso.
  • 2 cdas. de crema agría (Sauerrham o creme fraise)
  • Algo de aceite o mantequilla para la sartén

Preparación:
  1. Corta el pollo en trozos no muy pequeños para que no se sequen mucho y los rehogas en una sartén con un poco de aceite o mantequilla.
  2. Le añades el ajo machacado y la cebolla muy fina. A continuación, el tomate triturado y concentrado, los pimentones y salpimientas. Lo vas rehogando.
  3. Añade el vino y el caldo hasta que cubra ligeramente y deja que cueza a fuego suave unos 15 minutos.
  4. Si ves que la salsa no queda bien ligada, espesa con un poco de maicena (en un culín de agua lo diluyes previamente).
  5. Una vez finalizado, le añades la crema agría y la ligas bien con el guiso.


Gulás vienés o Wiener Gulasch

enero 27, 2025
Querido tragaldabas que paseas por estas páginas en busca de delicias y otros menesteres, tengo a bien decirte que, después de cuatro gulás (el clásico, el de chucrut, el de rebozuelosel de patata y salchicha) por fin traigo el clásico vienés que prometí hace trece años. Sí, he tardado un pelín pero aquí está, no nos vamos a poner ahora quisquillosos que no nos lleva a ninguna parte.

En fin, que como soy como soy, ya conté la historia del vienés en el gulás de rebozuelos y en el de patatas porque no me supe contener pero aún quedan matices en el tintero que son dignos de contar. ¿Por qué todo este revuelo con el origen del gulás?

Pues lo clásico. Mientras austriacos y húngaros hacían imperio, entre ellos - me refiero a los nobles que el pueblo ya tenía bastante con que le dejaran vivir- había roces de rancio abolengo. Que si yo soy más duque que tú porque soy bávaro; ni hablar del peluquín que pa'nobleza mis pimientos serranos que los húngaros somos de sangre azul a rabiar; no flipéis tanto carrozas que la nobleza fetén es la que vive y zampa en Viena... y así estaban, con sus eternos piques.
En cualquier caso, en lo que sí estaban de acuerdo es que a ellos les gustaba el gulás al estilo imperial, es decir, como le gustaba al Francisco José I, con solomillo, sin pimientos y con mucho paprika. Vaya, con mucho pimentón. Aquí no había conflicto porque las cosas que come el populacho como que no son nada chic. Hasta que llegaron las dos gran guerras, la revolución soviética y se lio parda.

Si bien es cierto que entre una cosa y otra nunca cesaron los mamporrazos, estas guerras fueron terroríficas sumado a los acuerdos de Versalles que redefinían el mapa europeo, hicieron que austriacos y húngaros dejaran de ser hermanos para convertirse en vecinos. El impero se desintegró y la nobleza húngara, en un intento de reivindicar su independencia nacional sin austriacos, renunció al gulás vienés por el de la gente humilde, por el de toda la vida. Era lo justo.

Pero también fue de justicia que los austriacos se quedaran con su versión, eso sí, renunciando al solomillo del Kaiser porque además, para qué desperdiciarlo habiendo otras tajadas mucho más jugosas. 
Ingredientes para 4 personas:
  • 2 cebollas medianas
  • 1 cda. de mantequilla o un chorrito de aceite
  • 3/4 kg. de vacuno (morcillo o cualquier corte especial para guisar)
  • sal y pimienta
  • 2 dientes de ajo
  • 1 y 1/2 cda. de pimentón tipo murciano
  • 3 cdas. de tomate concentrado (o salsa de tomate)
  • 1 hoja de laurel
  • 1 cdta. de mejorana
  • 1 cdta. de comino molido
  • 1/2 vaso de vino tinto
  • 1 vaso de caldo de carne (puede que algo más)

Notas:
  • La cebolla hay que picarla muy muy menuda y refreírla hasta que coja bastante color. Hay quien dice que este es el truco del gulás.
  • Es un guiso de cocción larga. Lo suyo, es dejar que cueza en una cacerola entre 2-3 horas. Se puso de moda hace unos años, cocerlo en el horno. Yo ya voy a lo práctico y lo hago en la olla rápida y tan bien, que nadie ha notado diferencia. En media hora está listo.
  • Aquí se sirve siempre acompañado de las pelotas de pan o con Serviettenknödel pero fuera de Austria puedes acompañarlo de lo que quieras.

Preparación:
  1. Pica la cebolla requetefina y la doras en la olla con un poco de mantequilla o aceite hasta que coja bien de color pero sin quemarla.
  2. Añade la carne cortada en trozos no muy grandes y la rehogas para que se selle y no pierda jugosidad. Salpimienta y añade el ajo machacado.
  3. A continuación, añade el pimentón y deja que rehogue. 
  4. Añade el tomate, la mejorana y el comino sin dejar de rehogar el guiso. Por último, echa el laurel, el vino y el caldo. Cuida que cubra. Cierras la olla y a fuego medio dejas que se haga la carne una media hora.

Albóndigas a la jardinera

enero 19, 2025
Hoy llevo un día de tocada de pelotas increíble. Me he topado con el reel de un cura mexicano haciendo chiste de lo fácil que es hacer feliz a una mujer; dice que para ello un hombre solo tiene que ser... y se pone el tipo a recitar una sarta de despropósitos de escándalo: que si además de amigo, amante, hermano, padre (¿?) un hombre debe ser psicólogo, ginecólogo, maestro, plomero y hasta decorador de interiores. Qué chisposo el padrecito haciendo chistes flojos en el país latinoamericano - después de Brasil- con más feminicidios haciendo gala de una prepotencia machista que ralla con lo obsceno.

Pero claro, es que cómo somos. Histéricas - hay quien sigue creyendo que es una enfermedad femenina-, amargadas y poco juiciosas. No nos conformamos con nada y, como aclara el comentario de un humilde parroquiano "y aun cumpliendo todos esos requisitos, al final dicen: eres muy perfecto yo quiero sentir la aventura el peligro y se van con un pendejo....mujeres".

¿Por qué esta tirria, esta inquina a las mujeres? A veces generalizada, a gran o pequeña escala, camuflada en paternalismos y casi siempre, en victimismos varios: desde qué malotas somos por no querer planchar camisas o quemar las lentejas de vez en cuando a que si no hay quién nos entienda.
Mira, no voy a entrar en los motivos por los que una pareja no funciona. Y eso que ahora mismo echo chispas porque estoy hasta las albóndigas de insistirle al Günter que se involucre más en las tareas, que respete mi trabajo doméstico, que sea más agradecido con lo que hago... y con lo que trago. Lo nerviosa que me pone ver sus torres de papeles sin valor (propaganda, publi, etc.) que se extienden de una habitación a otra, tickets en cajas de zapatos de hace más de diez años... y luego que no sabe por qué echo chispas, que es problema mío gestionar mi mala leche y que lo que debería tener es más PACIENCIA. Toma ya. Veintitantos años breando con su síndrome de Diógenes pero oye, que soy una impaciente sin sentido del estoicismo. 

Mira, no voy a entrar -por segunda vez- en los motivos por los que una pareja no funciona. Pero lo mismo, va a ser importante en una relación poder expresarse con soltura y hablar de los hábitos molestos del otro sin tener que estar repitiéndolo 20 años. Lo mismo, va a ser importante cuidar las conexiones emocionales más allá del qué quieres que haga o diga. Lo mismo, también, va a ser importante no mirar a la madre de tus hijos como un híbrido entre Alexa y la Thermomix. 

Lo mismo, si se tiene en cuenta que las mujeres somos seres emocionales marcadas en cada etapa de la vida por nuestras hormonas -que no locura ni infantilismo- se entendería mejor que a veces necesitamos ser escuchadas por oídos generosos que nos motiven a crecer como personas y no como madres, amas de casa y esposas. Podríamos ser mucho más si nos alentaran a mantener la ilusión. Vamos, digo yo.

PD. A quien pueda interesar: los aspavientos no los desatamos por cualquier minucia; salen cuando ya estamos hasta el moño. 
Y aquí estamos como cada mes, porque hoy es domingo de reto con Homenajeblog donde nos colamos en cocinas ajenas y homenajeamos al anfitrión cocinando alguna de sus recetas. Esta vez tenemos el gustazo de hacerle los honores a Catina del blog La cocina de Catina un blog que conozco fenomenal desde hace mucho tiempo y al que tengo muchísimo cariño. Catina tiene un montón de recetas muy mediterráneas con ingredientes de su tierra lo que hace que yo muera de envidia porque desde aquí me es imposible degustarlos. Me decidí por estas albóndigas a la jardinera porque también era una receta muy de mi madre así que le he añadido algún truquillo de Maite-madre. ¡Muchas gracias Catina!

Ingredientes
Para las albóndigas:
  • 3/4 kgr. de carne picada de cerdo y ternera 
  • perejil
  • ajo en polvo a tu gusto
  • miga de pan mojada en leche
  • 3 huevos
  • sal y pimienta
  • harina para rebozar
  • Aceite para freír

Para la salsa:
  • 3-4 zanahorias a tu gusto
  • 1/2 puerro
  • 1 tomate
  • 1 cebolla pequeña
  • un poquito de pimiento a tu gusto
  • 1 hoja de laurel
  • una pizca de clavo molido
  • 1 vaso de vino blanco o rosado
  • 1 vaso de agua (puede que algo más)
  • extracto de caldo de carne
  • guisantes a tu gusto
  •  sal y pimienta a tu gusto
Notas:
  • Mi manera de hacer la salsa cambia un poco respecto a la elaboración de Catina. Hago primero un caldo que espeso con un poco de la harina de rebozar y luego la cuajo y dejo que coja sabor con la carne, Bueno, todos los caminos llevan a Roma.
  • A la salsa le añado un poco de pimiento como hacía mi madre. Sus truquillos, ya sabes.
  • A la carne le pongo ajo en polvo porque el ajo se me indigesta una barbaridad y así quedan más suaves. La cantidad de miga de pan también depende de que te gusten más suaves o más carnosas. De cualquier manera quedan ricas.
  • Puedes acompañarlas de patatas fritas, cocidas, al horno o puré de patata.

Preparación:
  1. En una cazuela, pon todos los ingredientes para la salsa y deja que cueza 15-20 minutos hasta que las zanahorias estén al dente. Intenta que sean finitas y si no, las puedes cortar por la mitad verticalmente. Una vez al dente, las retiras y las reservas. Quita el laurel, añade un poco del harina de rebozar y tritura hasta que no queden restos.
  2. Mientras, mezcla la carne con la sal y pimienta, el ajo y el perejil. Tritura a parte los huevos y la miga mojada en leche. Lo mezclas con la carne y haz bolitas que rebozarás en harina. 
  3. En la misma cazuela de la salsa, pon abundante aceite y fríe las albóndigas a fuego no muy fuerte para que no se queme la harina que sueltan.
  4. Retira el aceite, añade las albóndigas y la salsa que tenemos reservada. Corta las zanahorias en trocitos a tu gusto y las añades también. Deja que cueza unos 10 minutos.
  5. Los guisantes que he usado son de lata así que no necesitan cocción. Añádelos cuando apagues el fuego. Basta con que repose todo junto unos 3 minutos para que la salsa coja cuerpo.

Bicolor de mascarpone con cookies

enero 14, 2025
Hace apenas un par de meses me fui de la red social X. Dos semanas después, lo hice de Facebook. No los echo de menos. Tenía miedo de perder contacto con gente importante pero mira, si no nos hemos hablado en meses -o años- pues tan amigos no seremos. Y lo cierto es que no las echo de menos porque llevaba tiempo echándolas de más -a las plataformas, no a las personas-.

Los blogueros en general, llevamos mucho tiempo muy pillados con todo este mundo del social media. Lo hemos venido haciendo para atraer público al blog, algo que dejó de funcionar hace ya años. Lo hicimos mal. Tuvimos un tirón estupendo porque la gente quería contenidos frescos, sinceros, con el encanto de estar por casa, de tú a tú sin los maniqueos y manipulaciones de las publicaciones escritas que hubo hasta ese momento. 

Había muchos libros de recetas que mentían más que hablaban, con medidas imposibles y fotos que no correspondían, y estos son fracasos que se llevan mal porque además de gastarte una pasta en el volumen de turno, la cara de pringadete que se te queda es monumental. Los que vivíamos fuera, compartíamos todo lo que íbamos descubriendo; nuevos sabores, formas de hacer... madre mía, cuánto aprendí entonces. 

Y creo que uno de nuestros grandes logros, fue lo de tomarnos la molestia de traducir aquello de "un puñaito" "lo que te dé" "lo que te admita" y lo convertimos en medidas y pasos a paso para que se viera una preparación, una textura o una consistencia. Es bueno que sepas, que a veces, cuando ves un receta publicada, antes se ha probado y ajustado hasta dar con la textura ideal o el azúcar y la grasa recortadas, etc. Esto algunos lo seguimos haciendo.
Pero llegaron los egos gordos, los endiosamientos y los blogueros dejamos de compartir experiencias convirtiendo nuestras cocinas en escaparates de lo bien que hacemos todo y lo mucho que sabemos: hemos ido de chefs, fotógrafos, dietistas y nutricionistas. Y mientras se nos iba la pinza, un aluvión de nuevos blogs aterrizaron con la única meta de ser famosos. Llegó Facebook y aquello ya fue la locura. 

Spam, spam y spam de recetas a saco usando todo tipo de tretas para conseguir una visita. Tal fue la merendola y nos colapsó de tal manera, que los malos rollos y envidias se aireaban abiertamente sin ningún pudor, se cancelaban blogs por pura malicia y el mundo de "esa me ha copiado" era el pan nuestro de cada día.  Con Twitter fue distinto. A la gente de por allí no les interesaba nuestro contenido así que después de un breve fogoneo la cosa decayó rápidamente. 

Con Instagram, las tornas cambiaron. Los blogueros no lo vimos venir porque no es un medio apto para el spameo aunque aún lo sigamos intentando. Insta es una red para crear contenido guapi, rápido y de corto recorrido. Eso de intentar desviarlo no funciona. Todo se cuenta en videos cortos muy cuquis y facilones que esconden el verdadero guarreo de muchas recetas. Y mienten más que hablan, algo que se ha formalizado de una forma magistral porque la verdad no importa más allá del postureo, que quede mono y a por más. 

Ya no se comparte, ni se habla ni se es generoso. O casi porque aún resistimos unos cuantos blogueros "vintage" como leí hace poco en Bluesky, un lugar por cierto donde me siento muy a gusto. No importan mucho ni los likes ni los seguidores pero, de momento, es un sitio donde el contenido parece lo más importante sin trolls ni postureos. Claro, la falta de seguidores es lo que tiene, baja a la gente de muchos pedestales y eso no es para todos los públicos. A ver lo que dura.

Después de esta reflexión que daría para mucho más, te dejo con un postre que parece un remake de estos vasitos de tiramisú de chocolate porque son ese tipo de postres que gustan mucho en casa así que estiro el chicle todo lo que haga falta. Son facilones y conquistan. No hace falta mucho más.


Ingredientes (para 6-8 vasitos)
Para la crema de chocolate:
  • 1 sobre de pudding o natillas
  • 500ml. de leche
  • 50gr. de azúcar
  • 50gr. de chocolate
  • 20gr. de cacao puro 100%
  • 150gr. de mascarpone
  • 3 ó 4 cookies

    Para la crema de mascarpone:

    • 350gr. de mascarpone
    • 225gr. de Sauerrham o yogur griego
    • 50gr. de azúcar
    • vainilla
    • 3 ó 4 cookies

    Preparación:
    1. Pon a calentar la leche, el azúcar, el chocolate y el cacao. Reserva un poco de leche donde mezclar los polvos del pudding. Cuando rompa a hervir, añade esta mezcla y sin dejar de remover espera a que espese y vuelva a cocer. Cúbrelo con film de plástico y deja que enfríe.
    2. Mezcla con ayuda de unas varillas, el mascarpone, el yogur, la vainilla y el azúcar. Cuando tengas una crema suave y sin grumos, añade las galletas en trocitos pequeños. Reserva.
    3. Justo ante de ir a montar los vasitos, mezcla el pudding de chocolate con el mascarpone y las cookies en trocitos pequeños.
    4. Reparte la crema de chocolate en los vasitos. Después, haz lo mismo con la crema de mascarpone. Decora con unas migas de cookies. Refrigera. 

    Frittaten y Palatschinken, el dos por uno austriaco

    diciembre 30, 2024
    procrastinar
    Del lat. procrastināre.
    tr. Diferir, aplazar.
    Menudo melón. Y viejuno porque esto, de dejar para mañana lo de hoy, está en nuestra literatura desde hace mucho tiempo. Más allá del proverbio bíblico, en el Quijote, por ejemplo: "Antes hoy que mañana se ponga vuestra merced y su grandeza en camino" le decía Sancho a su señor, y es que no en vano este escudero fue pionero en coaching personal aunque a la hora de entrenar eso de la eliminación de bloqueos y miedos, le salió el tiro por la culata y a los molinos me remito.  Pero el buen hombre hizo lo que pudo que no fue poco.

    Pero esto de procrastinar no es verbo de hidalguía puesto que todos los seres humanos -y hasta extraterrestres diría yo- lo practicamos con mayor o menor frecuencia. Y es que nuestra conciencia, que siempre la tenemos en busca y captura, nos exime de responsabilidad si el ahora lo cambiamos por un mañana, un luego o un después. Se queda tan pancha aún a sabiendas que hay gato encerrado.

    Dice el refrán que "siempre mañana y nunca mañanamos". O que "por la calle de Mañana se llega a la plaza de Nunca". Estas son solo un par de pruebas irrefutables de que la vagancia, pereza y holgazanería son actores viejunos en el teatro de la vida y la única diferencia está en que hoy nos lo venden como una consecuencia y no como un acto de facto. Hoy se adornan las cosas con la copla de "autoestima baja", "ansiedad", "falta de aceptación por los demás" o "perfeccionismo y miedo al fracaso". Lo pongo entre comillas porque lo he leído así, literal.
    Esto es mezclar churras con merinas, no me fastidies. O el hambre con las ganas de comer, qué se yo, porque el sentido común me recuerda que una cosa es tocarse el papo porque no apetece hacer ciertas tareas y ancha es Castilla, y otra son los rotos físicos o metafísicos que requieren de atención especializada porque darle vías de escape a un haragán acogiéndose a la enmienda del "pobre de mí que sufro mucho" es también más viejo que el tebeo.

    Imagino que al igual que tú, yo llevo un Sancho a cuestas que me recuerda que debo ponerme las pilas cuando toca y otras, me dice que tire de las riendas y pare el carro que las mulas necesitan abrevar porque a todo no se llega y -desgraciadamente- los que nos hacemos mayores -maduritos que tampoco hay que exagerar- no medimos fuerzas, nos pensamos que todo el campo es orégano y que los años no pasan por nosotros. Pero vaya que sí.

    Esta receta de hoy es procrástica a rabiar. Hice las fotos hace como un par de años -o más- y nunca me decidí a publicarlas. Se me antojaban sosas y poca cosa, más teniendo en cuenta que al principio de este blog ya publiqué los Frittaten pero es que esto es algo muy muy austriaco, cocina sencilla de abuelas y que cuando toca mi casa supura felicidad. De primero, cuando se hacen tirillas y se sirve en caldo de carne se llaman Frittaten. Y de segundo, sin cortar, rellenos de mermelada y enrollados con azúcar glas por encima se llaman Palatschinken. Facilón y todos tan contentos.

    A veces, invitamos a más actores a esta sopa ya que es habitual que la comamos como plato único. Pueden ser trocitos de salchicha o como en esta ocasión, Leberknödel que son bolas de una masa de hígado y pan muy populares por estas tierras.
    Ingredientes:
    • 500ml. de leche
    • 4 huevos
    • 250gr. de harina
    • 1 cda. de azúcar
    • una pizca de sal
    • un poco de aceite para la sartén
    • Para la sopa un caldo de carne con su chorrito de extracto de maggi que no puede faltar.
    • Para los Palatschinken, mermelada de albaricoque (o crema de avellanas tipo nutella) y azúcar glas

    Notas:
    • Sobre la leche: yo uso leche de granjero sin procesar, con su nata por eso recomiendo usar leche fresca y entera.
    • Sobre los huevos: es muy habitual que la gente recorte los huevos en esta receta. Yo no. Pese a su mala publicidad, es la mejor proteína que existe.
    • Sobre la harina: siempre de calidad y si es posible, biológica y sin refinar. Algunas con sello Bio, no garantizan que no hallan sido blanqueadas. Es habitual que para 1/2 litro de leche, se usen 300gr. de harina pero me gusta el resultado con algo menos.

    Preparación:
    1. Pon todos los ingredientes juntos en una jarra y los mezclas con la batidora hasta que la masa esté lisa y sin grumos.
    2. Calienta a fuego medio alto una sartén mojada en un poco de aceite o mantequilla. Vas vertiendo pequeñas cantidades de la masa para que no queden gruesas. Deja que coja un poquito de color, la volteas y esperas otro poquito a dore también por ese lado.
    3. Para los Frittaten: los cortas por la mitad y vas cortando en tiritas finas.
    4. Para los Palatschinken: los rellenas con un poco de mermelada de albaricoque, los enrollas y sirves con azúcar glas por encima.

    Empanada de espinacas y ricotta con nueces

    diciembre 22, 2024
    Querido mundo; hoy vengo sin ninguna historia -y ya lo siento- pero la vida no me da para más. Me he pasado el adviento haciendo galletas y mis grullas devorándolas. He reformado el baño, he acompañado muchísimo a mi gato que sufre de ataques nerviosos porque como ya estamos a temperaturas muy bajas y no puede salir, le entra como un baile de San Vito al pobre y lo pasa fatal. Se me tira a los brazos porque soy su único consuelo. Ni la pastillita que nos ha recetado el veterinario le consuela. Solo mis abrazos así que me paso las horas con el puma -porque mi gato es enorme el tío- encima. Y así, poco se rinde la verdad.
     
    Cuando trabajo, le tengo entre el teclado y mi pecho; apenas puedo manejar el ratón y, como es muy acaparador y no le gusta que mire mucho la pantalla, me da con la pata en la cara una y mil veces. Y de fondo, hemos tenido a los albañiles montando escándalo y para que la estampa fuera más trágica, estuvo nevando la semana del folloneo. 
    En fin, que para qué quiero más. Llego a la recta final, al último domingo de adviento con la lengua fuera y mi horno echando humo pero entre horneada de galletas y más galletas, he tenido a bien colar esta maravillosa empanada porque no solo de galletas de adviento vive el austriaco. Mi hijo pequeño, el de 18, está en esa edad que no tiene fondo alguno y que es capaz de tragar y tragar hasta reventar. Y así estoy yo, con una empanada brutal entre Pinky y las galletas.

    En fin, aquí estamos como cada mes, porque hoy es además del 4º domingo de adviento, domingo de reto con Homenajeblog, donde nos colamos en cocinas ajenas y homenajeamos al anfitrión cocinando alguna de sus recetas. Esta vez tenemos el gustazo de hacerle los honores a Ana del blog Fresas y aceite un sitio estupendo con muchas recetas facilonas y sabrosas, la gran panacea en la cocina. Me tiré de cabeza a esta empanada según la vi y nos ha encantado.  ¡Estaba riquísima, Ana!


    Ingredientes:
    • algo de aceite de oliva
    • cebolla a tu gusto
    • 50gr. de nueces a tu gusto (usé del paraíso)
    • 250-350gr. de espinacas
    • ajo en polvo
    • sal y pimienta
    • 2 huevos duros
    • 200gr. de ricotta
    • 2 cdas. de parmesano
    • 2-3 cdas. de mozzarella rallada
    • 2 láminas de hojaldre
    • huevo batido diluido en un poco de agua para pincelar.
    • opcional: sésamo para decorar

    Preparación:
    1. En una sartén con un poquito de aceite de oliva, saltea la cebolla y las nueces picadas. Añade las espinacas y cuece unos 10-15 minutos a fuego medio. Salpimienta.
    2. Agrega los quesos (ricotta, parmesano y mozzarella) y sazona con un poco de ajo en polvo. Deja que temple.
    3. Precalienta el horno a 190ºC.
    4. Extiende una de las láminas de hojaldre y cubre con el relleno y termina con los huevos duros troceados. Tapa con la otra masa de hojaldre, cierra los bordes y pincela con el huevo batido.
    5. Con unas tijeras, haz unos pequeños cortes sobre la superficie y esparce un poco de semillas de sésamo. Hornea hasta que tenga un bonito color dorado.

    Ensalada invernal de lentejas

    diciembre 04, 2024
    Hoy si no te importa me enrollo poco que tengo una semanita como para perdérmela pero no quiero dejar pasar más tiempo sin publicar nada porque yo, en mi imaginario egocentrista amante del bombo y el platillo, pienso que si me estiro mucho sin publicar me vas a echar de menos, te vas a preocupar por mí hasta el punto de iniciar conversaciones con la embajada para planificar un plan de rescate por si las moscas. En fin, cada uno nos columpiamos a nuestro aire.

    Te decía: hoy rollo escueto. A ver si me sale. 

    Hoy se celebra el día internacional del guepardo porque el pobre esta a un estornudo de extinguirse. En África parece que los granjeros andan a la gresca con estos gaticos grandes porque tienen la mala costumbre de comer y son de los que se presentan sin pedir permiso y se zampan lo que pillan. Los cazadores también hacen lo suyo, éstos por puro placer. El caso es que están a punto de irse definitivamente y no volver.
    ¿Y por qué hoy? Porque es el cumpleaños de Khayam, un guepardo que se crió en cautividad, en Oregon, siendo el primero en ser reintroducido a la vida salvaje con éxito. Esto fue posible gracias a la Dra. Laurie Marker quien creo este día internacional con el fin de concienciarnos al resto de los mortales sobre la necesidad de proteger al felino más rápido del planeta. Y si no lo es, pues uno de los más rápidos, no le vayamos ahora a sacar punta a los detallines.

    Y como cualquier día conmemorativo, lo que se pretende es ayudar a la causa y he visitado como una media docena de webs con cosicas que podemos hacer y todas dicen más o menos lo mismo: que ayudemos a no deforestar ambientes salvajes, que denunciemos cualquier forma de comercio ilegal  o que publiquemos fotos de los mininos con hashtags a lo #salvaalguepardo y... ¡agárrate los machos! que compremos camisetas de la fundación de la Dra. Laurie como si eso de consumir y hacer negocio no degradase el plantea y, la guinda del pastel: que vayamos a ver a los animalicos en zoos para aprender más de ellos. 

    Ah, hasta aquí he llega'o. No soporto los animales en cautividad; ni en zoos, circos ni demás pesca. Me resulta atroz que nos lleven desde pequeños a ver jaulas de animales salvajes fuera de su habitad y sus manadas. Somos lo peor y prueba de ello es este movimiento buenista a favor del guepardo que nos anima a ir al zoo y participar del negocio entorno a la esclavitud animal. Y tan panchos, oiga. ¿Un peluchito al salir? Sí, venga, que quede claro que somos gente super guay y activista en favor de los derechos animales y naturaleza. Qué falsos somos a veces y encima, de puro sin querer.

    A lo nuestro: esta ensalada invernal es un puro lujazo para que quede claro que ni las ensaladas y las bicicletas son solo para el verano.
    Ingredientes:

    • 1 bote de lentejas cocidas
    • 2-3 zanahorias
    • 1/2 cebolla roja
    • granos de 1/2 granada
    • queso fresco de oveja
    • aliño: vinagre de Jerez, aceite de oliva, sal, pimienta y un poquito de miel

    Preparación:
    1. En una sartén con un poquito de aceite de oliva, saltea las zanahorias cortadas en trocitos muy menudos a fuego medio.
    2. Mientras coloca las lentejas en una fuente y añade la cebolla picada, los granos de granada, el queso en daditos y la zanahoria. 
    3. Mezcla el aliño y se lo añades a la ensalada.

    ME APETECE

     
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